Archivo de la categoría: Otros autores

[*Otros}-- Palmeros en América / David W. Fernández: Félix Duarte Pérez

FÉLIX DUARTE PÉREZ
(1895-1990)

El poeta palmero Félix Duarte, a cuya idea se debe la creación con carácter perpetuo del Día de las Madres en territorio español, vivió en su juventud en Venezuela, donde obtuvo la ciudadanía venezolana y a cuyo país debe mucho de la formación de su personalidad, por lo que merece ser recordado.

Nació en Breña Baja (La Palma, Canarias) el 20 de noviembre de 1895, y en 1912, con sólo dieciséis años de edad, se traslada a Venezuela, y aquí permanece durante cinco anos.

En Venezuela, alternando el trabajo con el estudio —y al contacto con los más significativos poetas del momento y con los cantores de la epopeya histórica del país, que logran influir en su formación— se forja una cultura que lo va a llevar luego a ocupar destacado lugar entre los escritores canarios. y colabora en el diario “La Religión”, de Caracas.

En 1917 regresa a Canarias y se dedica en su terruño a la enseñanza privada y al cultivo de la poesía que ve la luz pública en la prensa del archipiélago, y en 1919 vuelve a emigrar, pero ahora es a Cuba, donde se dirige permaneciendo en dicha isla once años.

En Cuba funda la revista “Cuba y Canarias”, de Sancti Spiritu (1922), y la sociedad “Liceo Canario” (1923), y es corresponsal de varios periódicos de La Habana, en los cuales publica celebrados poemas, crónicas y artículos acerca de variados temas. Es uno de los poetas galardonados en un concurso organizado por “El Mundo Gráfico” de La Habana, para premiar la exaltación de la belleza de la mujer cubana.

Sus triunfos le permiten el acceso a los grupos literarios del país, especialmente al de Camagüey, donde ya es figura consagrada Nicolás Guillén. En 1926 es nuevamente premiada su producción literaria por el “Diario de la Marina”, de La Habana. Es el año en que publica su primer libro de versos “Azul y Armiño” (La Habana, 1926), en el que se halla presente la influencia modernista de Rubén Darío, Amado Nervo y José Santos Chocano.

Nuevamente regresa a Canarias en 1930. Recorre su archipiélago natal y entra en contacto con la poesía española de entonces. Acaso sea García Lorca quien más influye ahora en él. Vuelve a tornar otra vez a Cuba para regresar finalmente en 1932 a su isla natal.

En la tierra de su nacimiento, y por iniciativa suya, se crea, con carácter permanente, en su villa natal y en 1936, el Día de las Madres, siendo esta villa el primer municipio de España que lo estableció, por lo que en 1947 se le otorgó a la misma el título de Muy Noble y Honorable Villa. Este hecho es uno de los que más fama y celebridad le dio al poeta.

Débense también a su iniciativa otra serie de actos culturales, entre ellos el homenaje tributado por el Ayuntamiento de la Villa de Mazo (La Palma) en 1960 a la memoria de la poetisa Caridad Salazar de Robles (1870-1948).

Su copiosa bibliografía se halla dispersa en multitud de diarios y revistas de los diversos países hispanoamericanos. En Cuba, además de los ya nombrados, ha colaborado en “El Heraldo”, “El Mundo”, “Diario Español”, “El Guanche” y “Canarias”. También en “Diario de Avisos”, de Santa Cruz de La Palma, donde ha colaborado desde 1917, y las revistas “La Graja” y “Gente Joven” de la misma ciudad; los diarios “La Prensa” y “La Tarde”, y las revistas literarias “Hespérides”, “Mensaje” y otras, de Santa Cruz de Tenerife, y la revista “Canarias”, de Buenos Aires.

Su quehacer poético fue galardonado justicieramente en varios certámenes, tanto en su isla natal como fuera de ella, pues además de los ya mencionados que ganó en Cuba, obtuvo premio en los Juegos Florales celebrados en 1945 en Santa Cruz de La Palma, el Primer Premio en el concurso de artículos sobre la Caldera de Taburiente, en La Palma, y el que se le otorgó en 1960 a su leyenda Tanausú.

Otro género literario que ha sabido cultivar con acierto ha sido la conferencia, entre las que merecen recordarse: “Bolívar y los pueblos de la Hispanidad”, “Desventura, hispanización y supervivencia de los indígenas canarios”, “Españolismo, libertad y angustia en don Miguel de Unamuno”, celebradas en la Sociedad La Cosmológica, de Santa Cruz de La Palma, cuyas juntas directivas ha integrado en diferentes periodos, además de haber tenido a su cargo la Biblioteca “Cervantes” de la misma.

Son, además, el cuento y el ensayo otras formas de expresión en las que volcó lo épico y lo lírico de su mundo interno y externo. Entre otras distinciones y honores recibidos por el poeta se hallan las siguientes:

• Miembro de la Asociación de Escritores y Artistas Americanos de La Habana (1955)
• Hijo Predilecto de la Villa de Breña Baja (1955)
• Cronista Oficial de las villas de Mazo y Breña Baja (1962)
• Miembro de Número del Instituto de Estudios Canarios (1965); y,
• Miembro tanto de la Hermandad de Escritores Hispánicos, de Madrid, como de la Academia Nacional de Ciencias Sociales y Literatura que patrocina la Universidad de México.

Su obra impresa en el libro no es extensa, pues solamente publicó “Amor Eterno”, letra para el Carro Alegórico de la Bajada de la Virgen (Santa Cruz de La Palma, 1955), y el libro de versos “Poemas del Atlántico” (1966), “En una isla Canaria” (1979), y “Leyendas Canarias” (1981), además de su primer libro ya antes mencionado.

Sin embargo, como ya lo expresamos, es muy fecunda y dilatada su publicación en diarios y revistas, así como su producción inédita entre la que se halla “Tratado de las Cumbres Sublimes”, “Con el alma”, y “Romancero Canario”.

El 16 de julio de 1990 sufre una neumonía, de la que no logra recuperarse, y en la mañana del 12 de septiembre de 1990 fallece en el Hospital de Ntra. Sra. de los Dolores, de Santa Cruz de La Palma, siendo sepultados sus restos, al siguiente día, en el cementerio de su villa natal.

Ya se le consideraba entonces el decano de los poetas canarios.

Entre los juicios que la crítica ha expresado acerca de su obra se hallan los siguientes:

“Si lo seguís a través de todas las páginas que van a vuestras manos, no encontraréis un solo motivo que no sea de superioridad”.
Pastor del Río y Carrillo, cubano.

“Félix Duarte, poeta de cuerpo entero, como comprobará el lector, no necesita valedores ni acompañamiento. En él puede apreciarse, como en los diferentes estratos geológicos, un ciclo formativo que responde a los vaivenes y profundos cambios, tanto estéticos como sustanciales, operados en la poesía”.
Félix Casanova de Ayala, canario.

“Félix Duarte no tiene necesidad de elegancias postizas; le sobran con las que ha nacido. Ni de seguir los últimos modelos pues está horro de esas preocupaciones. Él tiene algo que nadie le ha prestado, que nació con él y que con él vibra. Y bien camina por el mundo que nos canta versos tan bien entonados como los que integran los Poemas del Atlántico”.
Emeterio Gutiérrez Albelo, canario.

Tal es la vida y la obra del poeta palmero Félix Duarte formado en gran parte en Venezuela, principal rector de la cultura poética en su isla natal, y gran animador del saber insular.

[*Otros}-- “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Puerto de Tazacorte

PUERTO DE TAZACORTE

I

Triangulo en el mar sentado
bajo el abrazo del Time
donde el barranco te oprime
descarnando tu costado.

Por las olas azotado
con agua el mar te redime
mientras tu pasado gime
glorias de El Puerto olvidado.

El muelle es nuevo, y ya en ruinas:
rompen las marinas
el escollo a su corriente,

mientras las cuevas colgadas
están arriba asomadas
sobre la roca saliente.

II

Casas pobres, asombradas
por el Time dominante,
que en amenaza insultante
está lanzando pedradas.

Casas al mar entregadas
en una ofrenda constante
sobre el barranco inquietante
con sus aguas despeñadas.

Te constriñen amarguras.
triangulares desventuras
sepultan tus flores mustias.

A lo alto miras y esperas,
y ves entre plataneras
la Virgen de las Angustias

III

En ti acaba la Caldera
que se vacía en el mar,
en ti la vida es espera
que se ha marchado a pescar.

Cada nueva primavera
te besa para soñar.
¡No sé por qué en tu rivera
yo me quisiera embarcar!

Por el sueño que viví,
partir muy lejos de aquí
en una frágil barquilla.

y traerte la ilusión
que se fue a San Borondón
sobre la encantada quilla

1955

[*Otros}-- Palmeros en América / David W. Fernández: José Carballo Wangüemert

José Carballo Wangüemert
(1750-1799)

A pesar de los escasos datos que poseemos, y con el solo propósito de que éstos contribuyan a dar a conocer al personaje que nos ocupa, publicamos hoy los presentes apuntes biográficos de un palmero cuyo nombre aparece escrito, entre los de los hombres ilustres de Los Llanos de Aridane, en el techo del Salón de Actos de las antiguas casas consistoriales de su ciudad natal.

El 1° de septiembre de 1750, en la hoy casa número 7 de la calle Benigno Carballo Wangüemert —antiguamente llamada Trocadero, y que cuando se hacía la travesía por los antiguos caminos de las cumbres era la de mayor circulación de Los Llanos de Aridane— nació un niño que a los cinco días de nacido fue bautizado en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios, de dicha ciudad, por el presbítero don Lorenzo Rafael de Armas, de licencia del beneficiado de dicha parroquia don Simón José de Acosta.

Fue su padrino don Juan Martín Carballo, natural de El Paso. Se le puso por nombre José Antonio. El bautizado era hijo legítimo de don José Martín Carballo y de doña María Josefa Wangüemert Padrón, vecinos de Los Llanos de Aridane. Nieto por línea paterna de don Luis Martín Carballo y de doña María Francisca Pérez del Pino y Taño, y nieto por línea materna de don Pablo Wangüemert de la Cruz y de doña Luisa Francisca de Jesús Padrón. Así consta en el folio 433 del libro 6° de la sección de bautismos del archivo de la mencionada parroquia.

Pasando el tiempo, a esta parroquia va a regalar nuestro biografiado la pila bautismal de mármol y la cruz alzada y ciriales de plata que aún se conservan en perfecto uso.

Descendía don José Antonio Carballo Wangüemert de aquella rama de la familia flamenca Wangüemert (Van Ghemert) que, habiéndose establecido en La Palma, poco después de la conquista de esta isla, le ha dado, entre otros, hijos tan ilustres como el reputado economista Benigno Carballo Wangüemert (1826-1864), el exquisito poeta Luis Felipe Gómez Wangüemert (1842-1942) y el galano historiador José Wangüemert y Poggio (1872-1908).

Los Wangüemert canarios tienen su origen en Pablo van Ghemert, factor de Pablo van Dalle, noble mercader flamenco, señor de Lillot y Zuitland, que en 1562 y por el precio de 48.000 florines compró a su yerno Melchor de Monteverde una parte de los famosos ingenios azucareros de Argual y Tazacorte.

El dicho Pablo van Ghemert, después de haberse establecido en La Palma se casó en dicha isla con doña Luisa de León y Álvarez, y era hijo de otro Pablo van Ghemert, noble caballero flamenco, Consejero de Su Majestad Católica en su Cámara de Hacienda en Amberes (Bélgica).

Ninguna noticia hemos podido adquirir de la adolescencia de este distinguido palmero que, andando el tiempo, va a figurar entre el alto clero de la Iglesia Católica. Sólo sabemos que habiéndose dedicado a los estudios eclesiásticos, siguió la carrera de Cánones y de Teología, graduándose de licenciado en ambas ciencias, grado que ostentaba cuando ingresó al Cabildo Eclesiástico de Guadalajara, actual capital del Estado de Jalisco, en México, el 11 de octubre de 1786.

Siendo racionero de Guadalajara fue promovido Carballo Wangüemert a canónigo de merced de la Santa Iglesia Catedral de Caracas el 17 de julio de 1789, y dos días después recibió la colación.

En Caracas ejerció importantes cargos y funciones. Y su Cabildo eclesiástico, el 2 de octubre de dicho año, atento a la insinuación de su chantre de no poder continuar el encargo de mantener la correspondencia con el apoderado en la Corte de Madrid, nombró a Carballo Wangüemert para tal fin y le recomienda la continuación de los recursos pendientes en aquélla, especialmente el de oposición al aumento de prebendas.

El 21 de enero de 1791 se le nombró para hacer el informe sobre la ausencia del racionero.

El 3 de julio de 1792, por hallarse enfermo, se le nombró para que lo sustituyera en llevar la correspondencia con la Corte al medio racionero Dr. Pedro Martínez, y el 13 del mismo mes y año, y por igual circunstancia y a insinuación de la junta de temporalidades, se disputó para suplirlo como asistente por el obispo, al penitenciario Dr. Bartolomé Antonio de Vargas, pero por fallecimiento de dicho Dr. Vargas, que estaba nombrado adjunto, se le subrogó el 12 de marzo de 1793.

Hizo información de limpieza de sangre ante el escribano Romano el 17 de mayo de 1794, en la cual dice ser, por varias ramas, descendiente de los conquistadores de la isla de La Palma.

Ascendido a maestrescuela, se le dio la colación el 15 de septiembre de 1794, siendo también, durante el tiempo de este cargo, cancelario, o sea canciller de la Universidad o juez de estudios, de la Real y Pontificia Universidad de Caracas, ya que dicha cancelaría —en este tiempo, y desde su creación, conforme a Real Cédula dada en Buen Retiro el 7 de julio de 1737— estaba unida a la maestrescolía de la repetida catedral.

Al cargo del Cancelario estaba asignado “el cuidado y vigilancia de los estudios, y tenía por autoridad apostólica el derecho de dar a los que habían concluido sus cursos el poder o licencia de enseñar”, esta función tenía evidentemente mucha relación con la dignidad de maestrescuela, con que iba aparejada, pues ésta venía a ser, dentro del cabildo eclesiástico, “una especie de maestro para todo aquél que quisiera conocer los estudios humanísticos, y expedir un permiso o licencia que facultaba al que la obtenía a instruir lo que había aprendido en las escuelas catedralicias”.

Al cancelario, además de otras muchas funciones, estaba reservada la colación de los grados mayores de maestro, licenciado y doctor, habiéndose dejado al rector la colación de grados de bachilleres, la presidencia del claustro pleno y de las fiestas religiosas de los patronos, y la visita de cátedras.

Pocos días después de la colación de maestrescuela, el 24 de septiembre de 1794, obtuvo Carballo Wangüemert, en la Real y Pontifica Universidad de Caracas, el grado de doctor en Cánones.

Parece ser que no era muy progresista nuestro Carballo Wangüemert, puesto que en 1795, en comunicación dirigida al Rey. lo hallamos detractando de la primera expresión de la autonomía universitaria de que gozó la hoy Universidad Central de Venezuela; la elección de rector por el cuerpo profesoral de la Universidad, la cual fue concedida por Carlos III en Real Cédula fechada en San Lorenzo el 4 de octubre de 1784.

En dicha comunicación, habla Carballo Wangüemert de la inconveniencia de los claustros plenos de la Universidad, pretendiendo hacer ver, entre otras cosas, que difícilmente se congregaban los integrantes para realizarlos en la hora señalada, a excepción de los casos en que se trataba de elección de rectores y otros empleados, o cuando mediaba algún interés particular, en cuyo caso “se juntan muchos maestros y doctores. resultando los perjuicios de que, por sólo aquella citación tan general e inoficiosa, se hacían públicos, y aun ruidosos, los asuntos de las universidades; como también el que, siendo jóvenes la mayor parte de los graduados, fácilmente formaban parcialidades en las elecciones contra el dictamen o modo de pensar de los mas antiguos, con lo que desairaban a éstos, guiados, tal vez erróneamente, por la intención nada prudente y sana de alguno que por su mediación lograba elegir un Rector u otro empleado de su predilección nada conveniente al bien común de la Universidad”.

Afortunadamente, el Rey dispuso solamente que se le mantuviese informado de la situación, sin eliminar esta función básica para la autonomía universitaria.

Diósele la colación de chantre el 8 de junio de 1795. Presentando para arcediano, en virtud de Real Cédula fechada en Aranjuez a 14 de abril de 1799, hizo la colación de dicha dignidad el 16 de agosto de 1799, dado por el Sr. Provisor, y tomo posesión tres días después.

Pasado poco tiempo, y por fallecimiento del Pbro. Dr. José Antonio Suárez de Urbina, Dean y Presidente del Cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Caracas, fue promovido para dicho cargo, pero no llegó a ocuparlo.

Falleció —después de haber recibido la extremaunción, pero sin haber testado— el 26 de diciembre de 1799, a las ocho y cuarto de la noche, y se le enterró al siguiente día —con entierro cantado al que asistió el obispo electo de la diócesis, Dr. Francisco de Ibarra, y el Cabildo catedralicio— en la capilla de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, de la Santa Iglesia Catedral de Caracas, de la que era patrón o interino. Así consta en el folio 81 del libro 23° de la sección de entierros del archivo parroquial correspondiente.

El I° de julio de 1801 se nombró, por sucesor del deán, al Dr. Pedro Martínez, que a su vez, por fallecimiento del Dr. Francisco de Ibarra, primer arzobispo de Caracas, fue vicario capitular de la Diócesis, en 1806.

Apenas contaba 49 años de edad cuando falleció Carballo Wangüemert, palmero célebre por su ilustración y su saber, que se destacó entre el alto clero de su tiempo, tanto en México como en Venezuela, teniendo en ésta no sólo importantes empleos en su Catedral sino también en su Universidad.

[*Otros}-- “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Del desierto a la selva

En del complejo montañosos llamado Cumbre Vieja destaca el pico Bidigoyo —también llamado por algunos Birigoyo, Virigoyo, etc.. Personalmente, y después de consultas al respecto, he optado por Birigoyo—: la montaña arenosa, desértica y cónica que se ve en esta foto.

En su base está el llamado Llano de los Jables, en el que las leyendas de antaño situaban danzas de brujas y oscuros aquelarres, y que por eso algunos llamaban también Llano de las Brujas. Hoy día, y gracias a la reforestación a que alude el bello poema que sigue, en esa zona, por años desértica, hay un bosque de pinos al que se ha dado en llamar El Refugio —o también, y tiempo atrás, La Repoblación— parte del cual se ve en esta otra foto tomada, según parece, desde el Birigoyo.

Carlos M. Padrón.

***

DEL DESIERTO A LA SELVA

A D. José Miralbés Marco, con afecto y gratitud

I

Arriba, donde el cielo se confunde
con el gris de la tierra desolada,
y Bidigoyo entre las nubes hunde
su cabeza volcánica apagada.

Donde posan las nieblas compasivas
arropando desnudos arenales,
donde vuelan las aves fugitivas
huyendo de los duelos invernales.

Arriba, en las alturas ambiciosas,
en los caminos de la Eternidad,
junto a humeantes ruinas silenciosas
y en el imperio de la soledad…

Arriba, en el desierto encubridor
de graznidos de cuervos y corujas
que vieron en las noches con pavor
el medroso aquelarre de las brujas.

En lo más alto de la Cumbre Vieja,
que era paso obligado de viajeros,
donde aún se escucha la inmortal conseja
que dictaron los viejos agoreros.

Arriba, entre ruinosos matorrales,
lava revuelta y piedra calcinada.
Arriba, entre los mustios helechales
por la mano del hombre fue plantada

en jornada febril y agotadora
la selva, la oración de los pinares,
por donde un pueblo que es creyente, implora
y sube a las regiones estelares.

II

Allí sólo crecía el pobre helecho
sobre un oasis de la arena obscura,
y algún brezo luchaba contrahecho
robándole consuelos de verdura.

Caminos polvorientos, arenales
atormentados bajo un sol de alturas,
que ciega con sus luces las visuales
y acaricia con rojas quemaduras.

Allí es donde unos hombres concibieron
fecundar los estériles eriales,
y con la tierra negra se fundieron
para arrancarle gritos forestales.

La lucha fue tenaz y fue porfiada,
pero allí estaban hombres de tesón,
que nunca han vuelto atrás con la mirada
ni jamás traicionaron su misión.

Firmes estaban los héroes sin nombre
en lucha con la tierra virginal
que se entregó al quehacer del hombre
abriéndole su entraña maternal.

III

Calor o frío. Las arenas muertas,
la brisa juguetona, el huracán.
Planicies desoladas y desiertas,
y la fe en lo más alto del volcán.

Se arrojaron semillas por el suelo.
Los pinos se trajeron y plantaron.
No quiso darles su favor el cielo,
y el estío y los vientos los secaron.

Pero no cede el hombre, no claudica.
Tiene temple y firmeza y tozudez:
El cetro de la tierra no se abdica;
los pinos vestirán su desnudez.

Y a la lucha de nuevo con más brío,
a sembrar y plantar con fe creciente:
contra el viento y el sol y contra el frío
arrojaba en los yermos la simiente.

Los grajos devoraban los sembrados,
sepultan las arenas arbolitos.
Otros murieron bajo el sol quemados,
y algunos por el viento están marchitos.

Pero no importa: “Sembraré incansable”,
la voz del sembrador gritaba alerta.
“Yo sueño con un bosque impenetrable
sobre esta tierra desolada y muerta”.

Y con el alma estremecida, inquieta,
nuevos procedimientos se idearon
hasta el hallazgo del hoyo poceta,
la cuna en que los pinos se salvaron.

¡Adelante! Si abajo desconfían
y dudan y murmuran y critican,
los de aquí arriba, porque en Dios confían,
estas muertas arenas resucitan.

Y a la fuerza de trabajo y de constancia,
el pinar en la tierra está arraigado.
Ya se percibe la sutil fragancia
del primer arbolito perfumado

IV

Ya crecen por doquier de mil maneras.
Continúa la ruda plantación,
y saludan las nuevas primaveras
sus verdes de esperanza y redención.

Y pueblan ya las aves de alegría
la espesura gozosa de los pinos,
deshaciendo en raudales de armonía
la dulce melodía de sus trinos.

Ya está logrado el forestal empeño,
la prodigiosa, la soñada selva
de la que el hombre fue su autor y es dueño
hasta que Dios en su poder resuelva

el final providente que le espera.
Si sepultó en desiertos arenales
la selva natural que aquí existiera
con el poder febril de sus volcanes,

puede algún día devorar con fuego,
la victoriosa gloria forestal,
por Bidigoyo, ese gigante ciego,
indiferente y mudo al bien y al mal.

Y anota en tu memoria, caminante:
Siempre la tierra se ha entregado al fuerte,
y por ser madre, con amor gigante
engendra vida de su propia muerte.

(Composición escrita en 1948, en El Refugio de la Cumbre Vieja, con motivo de haberse realizado una importante repoblación forestal).

[*Otros}-- “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Se fue Domingo

SE FUE DOMINGO

En la muerte del poeta Domingo Acosta Guión.

De ritmos y armonías todo lleno,
la hora se cumplió de su partida,
y se marchó soñando, y hondo y bueno,
sin la caricia de una despedida.

Silencioso de afanes y sereno,
buscando siempre la inmortal medida
pasaba deshojando dulce y pleno
el dolor indecible de su vida.

Domingo, el gran cronista de La Palma,
festivo como el día de su nombre,
se nos dio todo entero en cuerpo y alma.

Y al no poder decir lo más sentido,
amargo y torturado y triste, el hombre
se fue a cantarlo en lo desconocido.

1959

[*Otros}-- Palmeros en América / David W. Fernández: Marcelo Gómez Carmona

Marcelo Gómez Carmona
(1725-1791)

En la Venezuela colonial vivió un palmero, llamado Marcelo Gómez Carmona, que a su regreso a las islas nativas llevó el conocimiento de la cirugía que habías aprendido en Caracas, llegando a desempeñar el cargo de médico oficial del Hospital de Dolores de Santa Cruz de La Palma, destacándose, además, entre los imagineros isleños del siglo XVIII, por las bellas obras de escultura religiosa que nos ha dejado.

Vamos a consignar, para su memoria, algunos apuntes biográficos que acerca de este compatriota hicieran Francisco Guerra Martínez, de Juan Perdomo Bethencourt, de Cristóbal Peraza Padrón, de Tomás Hernández Martínez, de Carlos Alfonzo Barrios, de Mateo Hernández Guerra, de José Luis Cabrera Charbonier, de Antonio María Pineda de Ayala, de Antonio Gómez de Silva, y de tantos y tantos otros médicos canarios que le dieron prestigio a la medicina colonial venezolana.

El pintor, escultor, arquitecto y médico cirujano romancista Don Antonio Marcelo Carmona nació en Santa Cruz de La Palma el 30 de octubre de 1725. Era hijo del oficial o constructor de navíos don Juan Gómez Ferrera, natural de Lisboa (Portugal), y de doña Josefa Carmona Martín Pileta, natural de La Palma; nieto por línea paterna de don Pascual Gómez, personero en Lisboa, y de doña María Ferrera, ambos naturales de Lisboa; y nieto por línea materna de don Félix Simón Rodríguez, navegante de la carrera de Indias, y de doña Ana Rodríguez. Pertenecía, a lo que parece, a familia medianamente acomodada de La Palma.

A Ios diez días de nacido —es decir, el 10 de noviembre siguiente— fue bautizado por el presbítero don Mateo García Cobos y Lorenzo, de licencia del Lic. don Simón Florencio Rodríguez Montero, venerable beneficiario y rector de la parroquia matriz de El Salvador, de dicha ciudad, donde fue apadrinado por el Lic. Pbro. don José Cabrera.

Estudió las primeras letras en el colegio del Convento Franciscano de su ciudad natal, y aprendió luego geometría, pintura y escultura.

Hacia 1745 pasó a establecerse en Las Palmas de Gran Canaria, donde abrió taller de pintura y escultura. De este tiempo es la imagen del Niño Jesús para la de Ntra. Sra. de Gracia, del convento de San Agustín de dicha ciudad, en la cual se casó en primeras nupcias, alrededor de 1749, con doña Luisa Suárez de Aguilar y Fernández de Estrada, natural de la expresada ciudad, e hija de don Andrés Suárez de Aguilar, receptor de la Real Audiencia de Canarias, y de doña Sebastiana Jacinta Fernández de Estrada.

Allí se hallaba cuando se le denunció ante el Santo Oficio de la Inquisición por haber proferido proposiciones blasfemas, erróneas, malsonantes, sospechosas y heréticas, y este Tribunal lo reprendió severamente ante un secretario, señalándole que si reincidía se le castigaría con todo el rigor del derecho, y se le escrutaron los libros de su biblioteca, los cuales le fueron devueltos por pertenecer a su profesión, aunque había entre ellos figuras anatómicas desnudas. Toda esta pesquisa concluyó el 15 de diciembre de 1755.

En 1758 pasó a Venezuela a bordo del navío “Vencedor” a cargo de don Gaspar Calimano, para ocupar el cargo de condestable, y se estableció en Caracas. Allí presentó examen de cirujano en el Real Hospital de San Pablo, donde ejerció dicha profesión. También ejerció cargos político-administrativos de alguna importancia, como teniente de tropas forasteras de la ciudad de Valencia, corregidor de los pueblos de San Diego, San Antonio de los Guayos y San Agustín de Guacara, y, posteriormente, el de juez de comisos y teniente de justicia en el Villa de San Luis de Cura.

En Venezuela permaneció durante trece anos, y se sospecha que haya dejado obras artísticas de pintura y escultura, pero no han sido identificadas hasta el presente.

Regresó a Canarias en 1771 y supo que su mujer había muerto. Se casó en segundas nupcias con doña María del Pilar Dávila y Galindo, natural de Santa Cruz de Tenerife, e hija de don Vicente Dávila y de doña Bernarda Pérez del Manzano, y con su esposa e hijos pasó a establecerse en su ciudad natal.

En la ciudad de su nacimiento realizó, por entonces, una imagen de Cristo Crucificado, obra de estilo neoclásico de indudable mérito, pero que ofrece cierta afectación tanto en el tratamiento del cuerpo de Cristo como en los paños del mismo.

Cuando se hallaba concluida la talla en madera de la imagen, faltándole sólo darle barniz, la madera hizo una abertura en la pierna de la escultura, la cual se abrió más al atarugarla, ante lo cual impelido por su carácter irascible y su genio violento y colérico, exclamó: “¡Los diablos te lleven! ¡Me dan ganas de coger un hacha y hacerte pedazos!”, por lo que fue denunciado, por segunda vez, ante el Santo Oficio de la Inquisición. Corría entonces el año 17812

En 1782 volvió a Venezuela, con el destino de cirujano de la balandra real “Ntra. Sra. del Rosario y San Joaquín”, alias “La Cañada”, y al siguiente año retomó por Cádiz a Santa Cruz de La Palma.

También ejecutó un retablo para la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de los Remedies, de los Llanos de Aridane; por encargo de la fábrica, el tallado del coro de la parroquia matriz de El Salvador (1784); y probablemente el del púlpito de esta misma parroquia, quo se le atribuye.

Impedido de presentarse ante el Tribunal de la Inquisición en 1785, se excusa de hacerlo por hallarse con las piernas baldadas y sus hijos con sarampión, y le es leída la sentencia el 19 de octubre de 1785. Entonces se hallaba avecindado en la calle Santa Catalina, de Santa Cruz de La Palma, y gozaba, según parece, de empleo en las Milicias del Castillo de Santa Cruz del Barrio del Cabo, en la misma ciudad.

En 1790, al hallarse el Hospital de Dolores, de Santa Cruz de La Palma, sin médico que atendiese a los enfermos, fue propuesto para el cargo don Gaspar de Morales Figueroa, único facultativo residente en la isla, y al negarse éste a aceptarlo, pretextando exceso de trabajo, la Junta de Caridad acudió entonces, para sustituirlo, a Gómez Carmona, quien se encargo de administrar los remedios con que eran atendidos los enfermos.

Gómez Carmona falleció en Santa Cruz de La Palma el 12 de mayo de 1791, y fue sepultado en el convento Real y Grande de la Inmaculada Concepción, de la orden franciscana, en dicha ciudad.

De sus dos enlaces matrimoniales tuvo los siguientes hijos:

Del primer matrimonio tuvo hubo cinco, de Ios cuales vivieron dos:

A.= Don José Antonio Gómez Suárez, nacido alrededor de 1763, de oficio tratante, casado en Tenerife.

B.= Don Juan Ignacio Gómez Suárez, también tratante, e igualmente casado en Tenerife.

Del segundo matrimonio tuvo seis hijos, cuatro hembras y dos varones:

C,= Doña Águeda María Gómez Dávila, nacida alrededor de 1774.

D.= Don Juan Vicente Antonio Gómez Dávila, nacido alrededor de 1775.

E.= Doña María de los Remedios Gómez Dávila, nacida alrededor de 1778.

F.= Doña Josefa Bernarda Gómez Dávila, nacida alrededor de 1781.

C.= Don Marcelo Antonio G+omez Dávila, nacido alrededor de 1783.

H.= Doña Catalina Antonia Gómez Dávila, nacida en 1784.

Su obra de escultor lo hace el más representativo de la imaginería palmera de su tiempo, obra que, según la crítica, refleja el temperamento inquieto y desosegado de su autor, quien impregnó sus imágenes de un fuerte dramatismo.

Fue asimismo médico cirujano romancista de amplio ejercicio profesional, y gobernante que ejerció funciones político-administrativas en localidades de los hoy estados venezolanos de Carabobo y Aragua.

[*Otros}-- “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Silencio

SILENCIO

Nunca tuve palabras con que amarte,
ni promesas, ni risas, ni canciones,
pues sólo tuve un mundo de emociones
y un placer infinito al recordarte.

Yo sentía en el alma, al contemplarte,
la tristeza angustiosa de no verte,
de dormirme en la noche, de perderte
sin haber acabado de mirarte.

Y un día nos perdimos, sin saberlo
en el tiempo,… no supe conocerlo…
¡deshojaba el olvido mis dolores!

Hoy, recordando lo que nunca llega,
mi alma en la noche misteriosa ruega
y llora en soledad muertos amores.

[*Otros}-- Palmeros en América / David W. Fernández: José Gabriel Fierro de Torres y Santa Cruz (2/2)

José Gabriel Fierro de Torres y Santa Cruz
(1713-1791)

Desde Venezuela, Fierro envió tres custodias a la ciudad de su nacimiento.

Son éstas: la custodia preciosa de la parroquia matriz de El Salvador, la custodia menor de la parroquia-santuario de Ntra. Sra. de las Nieves, patrona de la isla de La Palma, y una tercera, exactamente igual a la de las Nieves, que remitió para el hoy inexistente convento de Santa Catalina, que se halla actualmente en la parroquia de El Salvador. Mandó también dos portaviáticos: uno para la ya referida parroquia-santuario de Ntra. Sra. de las Nieves, y otro para la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de los Remedies, de los Llanos de Aridane, también en la isla de La Palma.

El legado de Fierro constituye el último enviado a los templos de Canarias desde la Venezuela colonial.

La custodia preciosa de El Salvador es, por su arte y por su pedrería, una de las más valiosas que posee Canarias, y fue elaborada en plata sobredorada calada, brillantes, esmeraldas y rubíes.

• Está rematada por una cruz latina que Ileva esmeraldas y anchos perillones esmaltados.

• En el sol, levemente ovalado a manera de una flor gigantesca, se alternan tres tipos de rayos rectos con uno de rayos flameados, llevando dichos rayos diez estrellas de pedrería engastada, y tiene en su parte inferior, sosteniendo el viril, un ángel con bucles sobre la frente y cuatro alas, dos superiores extendidas y dos inferiores plegadas formando un corazón.

• En la caja de viril se alternan rosas y flores en discreta alusión mariana.

• El astil presenta en su parte inferior un cilindro calado imitando tallos sinusoidales, y el nudo, de forma semiesferoidal, simula un capullo con sépalos cincelados, y otros similares, que se repiten más arriba, formado por una plancha recortada con esmaltes morados en los racimos, representando el motivo eucarístico de las uvas, que sostiene el sol. El pie, a manera de bullón, nos presenta dos bandas caladas, sobre motivos vegetales, interrumpidos por tomapuntas.

• En el estuche de piel que cubre la custodia se lee: “D. José Fierro Santacruz, Caballero de la Orden de Calatrava. A° de 1779″.

El conjunto de esta custodia es de una gran elegancia y riqueza, y ha influido en la orfebrería palmera, ya que el maestro orfebre Antonio Juan de Silva (1803-1813) elaboró una custodia de plata sobredorada para el sagrario del convento de Monjas Dominicas, de Santa Cruz de La Palma, que es copia de aquélla.

El sol de la custodia fue robado en 1900 y sus piedras desmontadas, pero pudo recuperarse íntegramente. La custodia tiene 0.80 m. de alto.

La custodia menor de las Nieves es de plata sobredorada y piedras de dobletas, y tiene una altura de 0.61 m.

La custodia menor, que perteneció al convento de Santa Catalina, es exactamente igual a la de las Nieves, corno ya dijimos.

El autor de estas custodias fue el caraqueño Francisco Landaeta y Lerma [1721-i18027), la más vigorosa personalidad artística de la orfebrería venezolana, cuya obra no tiene comparación con ninguno de los otros orfebres del país, y sus más valiosas obras son las dos custodias preciosas siguientes; la de la Iglesia de San Francisco, de Caracas, y la expresada de El Salvador, en Santa Cruz de La Palma.

Los referidos portaviáticos son atribuidos al orfebre caraqueño Domingo Tomás Núñez (¿1730?-1801).

Según testamento que Fierro otorgó en Caracas el 21 de enero de 1790 ante Juan Antonio Tejero, dejó, para enriquecer la nombrada custodia preciosa de El Salvador, su venera de Calatrava, de diamantes; y por testamento que hizo, también en Caracas, el 30 de diciembre de 1791, ante el escribano Bernardo José Romero, fundó un Patronato para su familia.

En el mismo ano de 1791, o acaso a comienzos de 1792, falleció este aristócrata que ejerció en Caracas funciones político-militares, así como actividades comerciales, y regaló generosas piezas de orfebrería a los templos de su isla natal.

[*Otros}-- El lagarto gigante de La Gomera, de estar amenazado a tener un futuro esperanzador

20/10/2007

SAN SEBASTIÁN DE LA GOMERA.- La población del lagarto gigante de La Gomera, uno de los vertebrados más amenazados del planeta, se ha triplicado en siete años, y su futuro es esperanzador, aseguraron biólogos del centro de cría y reproducción de esta especie en la isla.

Los expertos cuentan que los resultados de los análisis de ADN han permitido saber que el lagarto gigante de La Gomera puebla la isla desde hace unos cuatro millones de años.

Gallotia Bravoana es un lacértido, ovíparo y predominantemente herbívoro, diurno y heliotérmico que, hasta la llegada del hombre a La Gomera, ocupaba las áreas litorales y las zonas medias de la isla.

Ejemplar de Lagarto Gigante de La Gomera de 45 cm. de longitud y 129 gramos de peso. (El Mundo).

Estos lagartos podían superar los 50 centímetros entre el hocico y la cloaca, sobrepasar los 50 años y pesar más de 5 kilos, mientras que en la actualidad miden unos 20 centímetros y pesan hasta 420 gramos.

Hace más de 2.000 años el hombre llegó a La Gomera y modificó el paisaje, comió los ejemplares de mayor tamaño de lagarto gigante, y pobló La Gomera con animales depredadores como ratas, ratones, perros y gatos, con lo que comenzó el declive de los Gallotia Bravoana.

Esta circunstancia, unida a que la especie pone pocos huevos —entre 3 y 11— y no se reproduce hasta los 6 años, hizo que aumentase su tasa de mortalidad de manera alarmante.

La presencia de grandes lagartos en La Gomera era conocida desde antiguo por numerosos restos esqueléticos y por algunos textos históricos que hacen referencia a su existencia.

Así, en el siglo primero antes de Cristo, el escritor y naturalista Cayo Plinio describió una isla a la que llama Capraria, en la que había lagartos muy grandes y desde la que se observaba una vista imponente del Teide.

Después de la Conquista, en 1694, el canario Tomás Marín de Cubas escribió sobre la existencia de unos lagartos en la zona norte de La Gomera, en concreto en Los Órganos, y en 1950 vecinos de Valle Gran Rey aseguraron haber visto lagartos de gran tamaño.

Pero, ante la falta de evidencias tangibles, se creía que la especie estaba extinguida, hasta que, en junio de 1996, biólogos de la Universidad de La Laguna capturaron seis ejemplares en la base del Risco de La Mérica, Quiebracanillas, Valle Gran Rey.

En abril de 2000, esos lagartos se trasladaron de La Laguna al centro provisional de Antoncojo (Alajeró), donde se comenzó la reproducción en cautividad, labor que se materializó en 2001, cuando la lagarta ‘Ramona’ hizo su primera puesta, de la que nacieron tres machos.

El programa de cautividad

Los expertos aseguran que en 2001 “las cosas iban realmente mal”, pues el censo evidenciaba la existencia de unos 40 adultos en libertad, lo que ponía de manifiesto un bloqueo en la reproducción. El censo de 2004 sumó más de 80 ejemplares, de los que aproximadamente la mitad eran juveniles, por lo que se produjo un cambio muy importante, gracias al control de depredadores.

Los muestreos anuales indican que el número de lagartos sigue en aumento y se estima que la población natural alcanza los 120 en La Mérica, la mayoría juveniles y en dispersión, además de unos quince reproductores en la base de la montaña y 101 en cautividad.

En 2006, el Gobierno canario aprobó el plan de recuperación de este lagarto, que tiene como objetivos garantizar la supervivencia de la población natural, favorecer su crecimiento y expansión, y optimizar la reserva de ejemplares incluidos en el programa de cautividad.

También prevé su reintroducción en dos islotes libres de depredadores y en otros tres lugares de la isla en los que se construirán vallas especiales que impidan el acceso de gatos, medida que también se aplicará a los alrededores de Quiebracanillas, base de la población natural.

En el año 2009 podría iniciarse la puesta en libertad de los primeros lagartos criados en cautividad y cuando se espera que este gigante comience a despertar.

El Mundo

[*Otros}-- Palmeros en América / David W. Fernández: José Gabriel Fierro de Torres y Santa Cruz (1/2)

José Gabriel Fierro de Torres y Santa Cruz
(1713-1791)

Entre la numerosa emigración que de Canarias pasa a Venezuela en el siglo XVIII, se halla don José Gabriel Fierro de Torres y Santa Cruz, notable personaje de significativa actuación en la Caracas de entonces.

Don José Gabriel Fierro de Torres y Santa Cruz, nació en Santa Cruz de La Palma (Canarias) en 1713, o tal vez en 1714, siendo hijo de don Francisco Ignacio Fierro y Espinosa Boot —Sargento Mayor de la isla de La Palma, su Regidor perpetuo, y Familiar de Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición—, y de doña Luisa Antonia de Torres y Santa Cruz Silva. Nieto por línea paterna de don Juan Fierro y Monteverde —Capitán de Infantería española y Regidor perpetuo y hereditario de dicha isla de La Palma—, y de doña Tomasina de Espinosa Boot; y nieto por línea materna de don Cristóbal de Torres y Quadros Ayala Soto —Sargento mayor de los Reales Ejércitos— y de doña Luisa de Santa Cruz Silva Orozco y Cervellón.

Descendía por varonía directa de la noble Casa de Fierro, oriunda del antiquísimo solar de Villetas de Rivas de Sil, en el reino de León, establecida a comienzos del siglo XVII en Santa Cruz de La Palma, donde disfrutó de pingues mayorazgos, ejerció los primeros cargos reservados a la nobleza, y enlazó con las más ilustres familias, tales como las de Monteverde, Espinosa y Boot, Massieu Sotomayor-Topete, Torres, Van de Walle, y Castillo Olivares, entre otras.

Se trasladó a Venezuela, cosa que no es de extrañar, pues varios miembros de su familia lo hicieron también en distintas épocas. Así lo hicieron en su momento su bisabuelo materno-paterno, el Maestre de Campo de Infantería española don Tomás de Torres y Ayala —Gobernador, Justicia Mayor y Capitán General de Mérida y La Grita y ciudad del Espíritu Santo de Maracaibo, en la actual Venezuela, que testó el 6 de febrero de 1653, ante Domingo de Elizalde, en San Antonio de Gibraltar, territorio de aquella jurisdicción, que hoy forma parte del Estado Zulia—, y su sobrino, el Brigadier de los Reales Ejércitos y Caballero Profeso del Hábito de Santiago, don Manuel de Fierro y Sotomayor (1752-1828), Gobernador Civil y Militar de Venezuela, que pactó con Simón Bolívar, el Libertador, la entrega de Caracas, en 1813, durante la Guerra de la Independencia Hispanoamericana.

En Caracas fue Caballero Profeso del Hábito de Calatrava. Alcalde de primer voto y Sargento Mayor de sus Milicias, así como comerciante, y allí se casó y murió.

Fue Alcalde ordinario de primer voto en Caracas, en 1774, siendo el Alcalde ordinario de segundo voto el coronel don Santiago Antonio de Ponte y Mijares de Solórzano, padre del IV° y último Marqués de Mijares, don Gabriel de Ponte y Mijares de Solórzano, en tiempos en que era Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela el Brigadier don José Carlos de Agüero, y su Teniente General y Auditor de Guerra el Lic. don Fernando Quadrado. Fue el año en que el Obispo de la Diócesis de Venezuela, Dr. Mariano Martí, terminó el censo de Caracas, que acusó una población de 18.669 habitantes.

En la Caracas de entonces, donde ya una real provisión había declarado que todo el mundo podía pertenecer al comercio sin que por ello se degradara la nobleza ni se perdieran el honor y la reputación, muchos de los miembros de la nobleza participaban en actividades mercantiles, y así se estableció Fierro como uno de los principales comerciantes de la ciudad, es decir, realizaba el comercio mayorista —a diferencia de los mercaderes, que eran quienes realizaban actividades de venta al menudeo—, y como comerciante de crédito representó al gremio de comerciantes en la Junta pro Consulado de Caracas, que había sido convocada por el Intendente en 1786, y en la que estaban también representados los hacendados y los mercaderes, además de los representantes del Cabildo de Caracas.

El Consulado de Caracas quedó definitivamente creado por real cédula del 3 de junio de 1793.

Fierro se casó en Caracas con doña María Isabel de Sucre Pardo y Flores Trelles, natural de Cartagena (Colombia), y viuda de don José del Pozo y Honesto, e hija del coronel don Carlos de Sucre y Pardo, Gobernador de la Provincia de la Nueva Andalucía, Cumaná y Cumanagotos (1733-1740), y de su primera esposa doña Margarita de Flores y Trelles.

Por su matrimonio, del que no hubo sucesión, fue padrastro de don Carlos del Pozo y Sucre —quien se hallaba avecindado en Calabozo (Estado Guárico) cuando pasó por allí el sabio barón Alejandro de Humboldt (1787-1835), quien dejó testimonio de su admiración por los conocimientos de Carlos del Pozo y Sucre, y por su elaboración de los instrumentos físicos que poseía—, y de don Juan del Pozo Sucre, ingeniero que participó en la campaña de Portugal y, con el Generalísimo Francisco de Miranda y don José de Salas, suscribió en París, el 22 de diciembre de 1797, el acta que se considera antecedente del Congreso de Panamá.

También, por este matrimonio, es tío abuelo político del Gran Mariscal de Ayacucho, don Antonio José de Sucre (1795-1830), ilustre Prócer de la Guerra de Independencia Hispanoamericana.