[SE}-- Hombres y mujeres no pecan igual
18/02/2009
Una investigación realizada por el Vaticano asegura que tanto los hombres como las mujeres pecan, aunque de distinta forma. La flaqueza más común entre las féminas es la soberbia, mientras que entre los varones es la lujuria, informa la cadena británica BBC.
La investigación, que publica el diario de la Santa Sede, L’Osservatore Romano, se basa en un estudio del jesuita Roberto Busa, de 95 años, que ha analizado las diferencias que en el confesionario presentan hombres y mujeres.
El teólogo Wojciech Giertych explica en el periódico vaticano que los mayores vicios de los hombres son, por este orden, la lujuria, la gula, la pereza, la ira, la soberbia, la envidia y la avaricia. En el caso de las mujeres, la soberbia, la envidia, la ira, la lujuria y la pereza.
Según la tradición cristiana católica, los siete grandes pecados capitales son la lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia, pero la Penitenciaria Apostólica de la Santa Sede, que fija los castigos e indulgencias a los pecadores, actualizó el año pasado su lista de pecados para incluir otros más modernos que, según la Iglesia, prevalecerán en la era de la “imparable globalización”. Se trata de la modificación genética, los experimentos con personas, la contaminación ambiental, la posesión o venta de drogas consideradas ilegales, la injusticia social, el causar pobreza, y la codicia financiera.
La investigación se publica en un momento de preocupación por la disminución del número de confesiones. De acuerdo con la BBC, un estudio reciente del Vaticano señala que cerca de un tercio de los católicos consideran que ese sacramento ya no es necesario, mientras que uno de cada diez lo ven como un obstáculo en su diálogo con Dios.
Fuente: El País
[SE}-- Riesgo España
13-02-09
José María de Azpilcueta
Nada parece indicar que España vaya a acceder, en el corto plazo, a la champions económica y financiera. El ingreso en el grupo de países más desarrollados va a retrasarse, como mínimo, unos cuantos años. Uno de los últimos indicadores del debilitamiento de nuestra economía se refleja en la evolución reciente del CDS de España.
El CDS (credit default swap) es un instrumento de cobertura ante el potencial impago del deudor de un bono. Es decir, es la prima que debe pagar un inversor para asegurarse ante el riesgo de que un emisor de deuda (por ejemplo, España) no cumpla con sus obligaciones de pago.
Aunque otros países de nuestro entorno también están experimentando fuertes subidas de los CDS sobre su deuda, el caso español es más notorio. España tiene el dudoso honor de ser el país europeo (exceptuando Irlanda y los países del Este) cuyo CDS ha sufrido un mayor incremento durante enero. En las últimas semanas, los CDS de España —por ejemplo, a 5 años— han aumentado 35 puntos básicos, alcanzando el 1,3% (es decir, por cada 100.000 euros, el comprador del CDS debe pagar 1.300 euros de prima). Estos niveles son tres veces mayores a los existentes en el mes de octubre pasado.
Si el mercado considera que comprar deuda española es cada vez más arriesgado, al Estado le costará más vender sus emisiones. Es decir, tendrá que pagar más intereses a los inversores. Esto no provocará que el déficit público siga aumentando, sino que supondrá un mayor costo para aquellos bancos y empresas privadas que se financien en el mercado de capitales.
Como vemos, las consecuencias de que el mercado no vea a España como un país de la champions league son importantes. En relación a la reciente bajada de calificación crediticia de España por parte de Standard & Poor’s, la agencia advertía en su informe que España podría recuperar su calificación de AAA si: 1) se regresaba a niveles de deuda pública similares a los anteriores a la crisis, y 2) se practicaba la liberalización del mercado laboral y de ciertos sectores con el objetivo de mejorar la competitividad, la productividad, y reducir el desempleo.
¿Se ha visto algún intento en nuestros políticos, de uno y otro signo, por liberalizar algún mercado? ¿Alguna intención de dejar a trabajadores y empresarios acordar libremente las condiciones laborales?
Mientras tanto, el mercado sigue valorando riesgos, y España no está saliendo precisamente bien parada.
Fuente: Libertad Digital
[SE}-- La crisis lleva a los españoles al campo
12 de febrero de 2009
Steve Kingstone
El ex albañil y pintor Andrés Rangel Sánchez, de 35 años, entregó las brochas y la paleta a cambio de un gorro, una máscara para cubrir el rostro y un par de botas de goma.
En lo que se asemeja a una investigación policial forense, él y varias decenas de trabajadores temporales recorren una plantación de fresas, recogiendo sólo las frutas más grandes y maduras.
A los inmigrantes indocumentados se les mantiene alejados de los trabajos agrícolas.
En Huelva, cerca de la frontera con Portugal, febrero significa fresas. Unas 250.000 toneladas de la fruta se cosecha aquí cada año, y la mayor parte se exporta a Alemania, Francia y Gran Bretaña.
La fuerza de trabajo está integrada por unas Naciones Unidas de mano de obra barata: senegaleses, marroquíes, rumanos, ucranianos y búlgaros, deseosos de trabajar en estos campos por sólo US$46 por día.
Pero, al entrar España oficialmente en la recesión, Andrés es uno de un número cada vez mayor de españoles que se han visto obligados a unirse a los demás en el terreno.
"Hace siete años que yo no trabajaba en el campo, y creo que vamos a ver a muchos más españoles regresando. En la construcción, yo estaba ganando el doble de lo que hago aquí, pero las obras simplemente se han parado, no hay empleo. Al menos aquí, tengo garantizados siete u ocho meses de trabajo ", explica Andrés.
Otros ven la misma lógica. En el centro de Huelva, la gente hace cola para registrarse en un esquema de empleos agrícolas del gobierno regional de Andalucía. Los elegidos recogerán fresas, naranjas, cebollas y espárragos. Más del 80% de los que se inscriben son españoles.
Sus ansias de emplearse en lo que algunos ven como un retroceso pueden ser explicadas con facilidad. La tasa de desempleo de Huelva llega al 21%, un 50% más alto que el promedio nacional y más del doble del promedio de la UE.
Sólo en la construcción, el número de desempleados se ha duplicado en el espacio de un año.
Intensa competencia
"Durante 15 años, las construcciones crecieron y crecieron, pero ahora se han derrumbado. Se acabó, están casi paralizadas", dice Blanca Miedes Ugarte, directora del Observatorio Local del Empleo de la Universidad de Huelva.
"Muchas personas van a regresar a la agricultura, pero resalta que ésta es una tendencia de largo plazo. Como los subsidios de desempleo están disponibles hasta los dos años, muchos obreros de la construcción podrían tomarse su tiempo. La gente que tiene amplias redes familiares buscará otras vacantes, pero para los que no tienen apoyo familiar, la agricultura es la única opción”, predice Miedes Ugarte.
Los que sí deciden regresar al campo podrían encontrarse con una sorpresa. En 2009 enfrentan una intensa competencia para los empleos agrícolas porque mientras los españoles construían casas nuevas durante el boom de la construcción en España, los agricultores de Huelva buscaron la mano de obra extranjera.
Para la cosecha de este año, 10.491 trabajadores fueron contratados en el exterior, en su mayoría en Marruecos y Rumania. Lejos están los días en que los campos de fresas prometían trabajo eterno para los de nacionalidad española.
"En Rumania yo trabajaba en antigüedades, pero aquí gano más; hasta US$693 en un mes. He estado viniendo aquí en los últimos seis años, y así he pagado la educación de mi hijo", explica Ana Bordeianu, de 48 años.
Ella comparte con otra trabajadora rumana un modesto dormitorio portátil en las afueras de la granja. Al lado, en otra cabina portátil, trabajadores marroquíes miran videos de música pop en un canal árabe de televisión satelital, pues para mantener a sus empleados contentos, el agricultor José Antonio Martín creó un "hogar lejos del hogar" temporal para su establecida fuerza de trabajo extranjera.
Congelados
"La agricultura ha sobrevivido aquí gracias a los inmigrantes. A partir de 2000, mis trabajadores españoles se fueron en busca de empleos más estables en la medida en que mejoraba la economía. Así que contraté inmigrantes, que son trabajadores buenos y de fiar. Gracias a ellos, todavía hay puestos de trabajo que hoy se le pueden ofrecer a los españoles", asegura Martín.
Pero si los contratos temporales logrados a través de agencias en algunos países han beneficiado a ciertos extranjeros, a otros se les han congelado. En las afueras de Huelva, decenas de inmigrantes africanos viven en refugios maltrechos, construidos con palos y planchas de plástico. Mientras llueve a cántaros, un grupo prepara una sopa de papa sobre un fuego abierto, y hay ropa tendida en las ramas de los árboles.
"Ahora mismo, vivir en África sería mejor para nosotros que aquí en España. Si yo hubiese sabido que sería así, nunca habría venido", dice Amadou Diallo, quien vino desde Gambia hace tres años.
Demasiados trabajadores
Ellos vinieron aquí con la esperanza de conseguir trabajo casual durante la cosecha de fresas. Cada mañana caminan varios kilómetros hacia el pueblo en busca de empleo. Pero pocos llegaron a España por la vía legal, y al tener los agricultores la facilidad de elegir, hasta el trabajo que paga en efectivo es imposible de conseguir.
"Los agricultores siempre empiezan preguntando si uno tiene documentos. Claro que tenemos que responder que no los tenemos, y ahí termina, no quieren hablar con uno otra vez", explica Amadou.
Los funcionarios locales reconocen que el mercado laboral está muy copado.
"Con los despidos de la construcción va a ser muy difícil para la economía local absorber toda esta gente. Algunos tendrán que buscar en otras regiones u otros países, otros tendrán que volverse a entrenar para trabajar en turismo o en otros servicios. Pero nunca habíamos visto que las cosas se pusieran tan mal", admite Ricardo Panzuela, de la agencia gubernamental de empleo regional.
[SE}-- España - Los efectos perdurables de la crisis
12.02.09
Luis Hernández Arroyo
En contra de lo que defienden los más radicales, la severa recesión que nos espera —especialmente dura en España, no lo olvidemos— tiene efectos duraderos que pueden resumirse en una notable reducción de la tasa de crecimiento potencial, esto es, el máximo crecimiento alcanzable sin que aumente la inflación.
Si, por simplificar, tomamos la tasa de inflación-objetivo del BCE como referencia, pues el crecimiento potencial para España y los países del área sería el obtenido a medio plazo sin que la inflación sobrepase ese límite (salvo en contadas ocasiones permitidas en las que se acomoda la zona a un shock exterior).
España, durante los años pasados del boom inmobiliario, creció por encima de su potencial, como demuestra su elevada inflación interna, por encima de los países dominantes del área. Han de ajustarse los precios de esos activos sobrevalorados para liberar recursos que deberían ir a los sectores productivos.
Pero, desgraciadamente, esto no sucede así. Para explicarlo con suavidad: la deflación de activos afecta a todos los activos, sin distinción de productividad futura. Entonces, los activos de las empresas que podrían recuperarse para cuando la economía se recuperara también, se contraen, y las empresas no sólo no invierten, sino que desamortizan, desinvierten en términos netos. Por tanto, esta desinversión masiva lleva a una reducción de la capacidad de producción instalada que no se recuperará en poco tiempo: la producción potencial con la capacidad disponible a la baja, disminuye.
Nótese que esto se ve agravado porque la innovación tecnológica va incorporada en la inversión (esto es, el factor que aumenta la eficacia conjunta del capital y del trabajo, disminuye).
Algo parecido sucede con el otro factor de producción, el trabajo. La velocidad con la que aumenta el paro en España, y el largo tiempo que van a estar en él, no sólo reduce la oferta potencial de este factor sino que hace que muchos trabajadores se descapitalicen. Lo peor —una tragedia— es que muchos, por la edad o por los cambios en el modo de producción, no volverán a trabajar. Incluso los recién licenciados, los mejor preparados para entrar en el mercado, van a sufrir el paro en el momento decisivo de recibir la experiencia en el trabajo, insustituible método de preparación.
El deterioro y reducción del capital y del trabajo aminorarán el crecimiento potencial en un país que políticamente ha descuidado los condicionantes que permiten mantener un potencial elevado a largo plazo: la educación, en manos de la "pasión endogámica", cuando no ideológica, y la libertad de los mercados de capital, totalmente asfixiados por el dirigismo de 17+1 gobiernos indescriptibles desde el punto de vista económico.
Es decir, después del largo huracán, tendremos un periodo largo de bajo crecimiento.
Esta crisis tiene aditamentos novedosos: no tenemos variables monetarias de ajuste como en el pasado. Los que defienden el efecto depurador que tendrá esta crisis —sin liquidez, sin financiación, si ajuste al exterior vía tipo de cambio— deberían reflexionar sobre la falta de "delicadeza" de la misma a la hora de seleccionar lo que ha de tirarse a la basura y lo que puede servir para los primeros momentos de la recuperación. Cerrarán empresas indiscriminadamente por falta de demanda, viables o no; bajarán los precios empresariales hasta el límite del costo de mantenimiento, lo que restará fondos para reponer —no digamos aumentar— capital instalado; o se irán a la economía sumergida para sobrevivir. Si esto es bueno, que me digan por qué.
***
Luis Hernández Arroyo es autor del blog Cuaderno de Arena.
Fuente: Libertad Digital
[SE}-- Negociar con el corazón es más provechoso que hacerlo con la cabeza
09 Febrero 2009
Raúl Morales
El conocimiento convencional dice que la mejor manera de tomar una decisión importante es hacerlo analíticamente, o sea, considerando los beneficios potenciales y haciendo una cuidada lista con los pros y los contras de cada unos de las acciones que se pueden llevar a cabo.
Pese a ello, numerosas investigaciones ya han puesto de manifiesto que a veces tomamos decisiones, tanto en lo personal como en lo profesional, subjetiva e instintivamente. En lugar de evaluar fríamente los posibles beneficios de las diferentes opciones, la gente con frecuencia se fía de su instinto, de cómo se siente frente a esas opciones. Un reciente estudio de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia parece confirmar que este segundo posicionamiento es una buena opción.
En el mundo de los negocios, las decisiones están vinculadas a negociaciones con “apuestas” financieras o estratégicas muy fuertes. Las negociaciones pueden ser muy complejas: todas las partes se inclinan, como no podía ser de otra manera, a dejar la mesa de negociaciones habiendo dejado huella con sus posicionamientos. Al mismo tiempo, las diferentes ofertas que se ponen sobre la mesa son aceptadas o rechazadas por diversas razones, muchas de ellas difíciles de clasificar: por orgullo, por el ansia de ganar o para preservar una relación.
Pero, ¿deben los diferentes bandos de una negociación llevar a cabo una estrategia analítica y calculadora o, por el contrario, dejarse llevar por sus instintos y sentimientos? Para examinar cómo los instintos influyen en las negociaciones, el profesor Michael Tuam, de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, ha usado un juego clásico de la negociación llamado el juego del ultimátum.
Como la vida misma
En el juego, a una persona se le asigna el papel del que propone. Éste tiene que dividir una cantidad de dinero dado con una persona (el que responde). Si el que responde acepta la oferta sin negociar, los dos jugadores se pueden quedar con el dinero. Si, contrariamente, rechaza la oferta, los dos jugadores se van con las manos vacías.
El juego simula negociaciones reales en las que ambas partes necesitan algo del otro, de tal modo que tienen un incentivo para llegar a un acuerdo.
En una serie de experimentos, los participantes fueron divididos en dos grupos, a los cuales se animaba o desanimaba sutilmente a confiar en sus sentimientos usando una nueva técnica de investigación conocida como “confía en la manipulación de los sentimientos”.
A un grupo se le pidió que pensara sólo en dos ejemplos en los que confiaron en sus emociones cuando tomaron una decisión y el resultado fue favorable. Dado que les fue relativamente fácil encontrar sólo dos ejemplos, el grupo tenía tendencia a confiar en sus sentimientos a la hora de tomar una decisión. Al otro grupo, sin embargo, se le pidió que pensara en diez ejemplos del mismo tipo. En este caso, como les costó mucho trabajo encontrar esos diez ejemplos, el grupo tendió a desconfiar de las emociones en la toma de decisiones.
Resultados sorprendentes
“Los resultados son intrigantes”, comenta Pham en un artículo aparecido en Ideas at Work. “Los participantes que fueron animados a confiar en sus sentimientos ofrecieron menos dinero que aquéllos que no confiaron en sus emociones. Sin embargo, lo ofrecieron de tal modo y en un porcentaje tal que la otra parte tenía opción de aceptar su ofrecimiento. Quienes confiaron en sus sentimientos seleccionaron su oferta basándose en la cantidad que ellos “sintieron” como correcta en lugar de en la probabilidad de que fuera aceptada o rechazada.
Apoyarse en esos instintos emocionales puede simplificar el proceso negociador. “Cuando los participantes fueron primados por confiar en sus sentimientos, vieron la negociación en términos más sencillos y no como una tarea compleja y estratégica”, explica Pham.
Los negociadores que se dejaron guiar por sus emociones no hicieron peores tratos que los demás. “Terminaron con tanto o más dinero que sus colegas calculadores, dando a entender que la toma de decisiones emocional no sólo es más sencilla, sino que puede ser también más lucrativa”.
Fuente: Tendencias 21
[SE}-- El niño mago de los computadores también tiene que hacer deberes
09/02/2009
Ha llegado a las portadas de los periódicos por su habilidad en computación, pero el niño singapurense de nueve años, Lim Ding Wen, sólo tiene permiso para jugar dos horas al día con su computador, y siempre que haya terminado sus deberes.
Ding Wen, que empezó a utilizar un computador a los dos años, se convirtió en una especie de celebridad después de crear una aplicación para el iPhone llamada Doodle Kids, que permite a los usuarios dibujar moviendo los dedos en la pantalla, y luego borrar sacudiendo el teléfono. La aplicación, disponible en la tienda de Apple iTunes, tiene más de 27.000 usuarios en todo el mundo.
"Programas es fácil, sencillamente tengo un interés natural en él. Es divertido", dijo el colegial a Reuters. "".
Su padre, Lim Thye Chean, es el jefe de tecnología de una empresa local, y el chico ha crecido rodeado de computadores. Lim comentó que su hijo preguntó por primera vez por la programación hace dos años, y que comenzó a enseñarle en un viejo computador amarillo GS de 16 bits, de Apple, esperando que fuera lo bastante fácil para el pequeño. Desde entonces, Ding When ha dominado unos seis lenguajes de programación, y completado unos 20 proyectos.
"Ding Wen no es un genio. Sencillamente trabaja duro en lo que hace. Cualquiera con un interés puede hacer programación", comentó Lim.
Puede que sus habilidades vayan más allá de su edad —está programando otro juego de iPhone— pero sigue teniendo la vida normal de un niño de nueve años, y eso significa deberes y normas en casa.
"Dos horas de computador al día y sólo después de los deberes", dijo el niño refunfuñando.
Su madre, Zhao Yan, dice que también tiene que hacerlo bien en el colegio. "No tiene que estar entre los tres primeros, sólo entre los 10 primeros bastaría", afirmó. El año pasado fue el décimo de su clase.
Y aunque los computadores, y juegos como "Sonic the Hedgehog", de Sega, están entre sus actividades preferidas, también le gusta ir en bicicleta y jugar con su mascota, el gusano James.
También está decidido a no dejar que la fama se le suba a la cabeza. "No quiero hacerme famoso. Sólo quiero ser bueno en mi programación", dijo Ding Wen en su habitación, donde tiene colgados artículos de periódicos sobre él.
Fuente: IBL News
[SE}-- La revancha del 'hereje' Lefebvre
08/02/2009
Larga sotana de negro impoluto, alzacuello blanco, pelo a cepillo, ademanes austeros pero firmes, la voz queda y la mirada altiva, dos jovencísimos sacerdotes charlan animadamente con los feligreses que esperan el inicio de la misa en la capilla Santiago Apóstol, en la calle Catalina Suárez, al sur de Madrid.
Son las siete de la tarde, del viernes pasado. El salón es amplio y confortable, incluida una larga biblioteca con cientos de ejemplares a la venta. Como sonido de fondo, cantos y rezos en latín. Vienen de una coqueta capilla con capacidad para dos centenares de personas, pero que a esa hora apenas llegan a veinte. Asisten al Viacrucis, que dirige otro sacerdote, estación tras estación. Aparenta 40 años y tiene ademanes marciales. A veces canta, y los feligreses le contestan en un buen latín.
Son los seguidores en Madrid del arzobispo Marcel Lefebvre (Tourcoing, Francia, 1905-Martigny, Suiza, 1991), y viven estos días abrumados de alegrías y sobresaltos. Benedicto XVI levantó el mes pasado la excomunión impuesta a sus prelados en 1988, al día siguiente de su ordenación episcopal por Lefebvre, desaconsejada con vehemencia por Roma. Pese a todo, la consagración fue válida y supuso el último cisma de la Iglesia católica. El Papa ha querido cerrarlo con su gesto.
"Nunca nos hemos sentido excomulgados ni cismáticos, pero esta decisión del Santo Padre nos viene a dar la razón. Le estamos muy agradecidos, pese a su tardanza. Hace tiempo que lo veníamos esperando, sobre todo desde la elección del papa Ratzinger. Estamos muy contentos", dice un portavoz.
La alegría se ensombrece por la negación del Holocausto judío y de las cámaras de gas nazis por boca de Richard Williamson, uno de los obispos rehabilitados. El escándalo ha alcanzado de lleno al Papa alemán, sobre todo en su país natal, y puede dar al traste con la plena reincorporación de esta hermandad de fieles en la Iglesia romana.
Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, lo ha dicho así: "Hay ahora una cierta comunión con el Papa, pero quedan situaciones por definir. La plena comunión se producirá cuando haya una solución de todos los problemas". El primer paso es que el obispo negacionista se retracte de sus declaraciones, cosa complicada porque le salen del alma.
Agrupados en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, los lefebvrianos cuentan en España con trece parroquias y otros tantos lugares de culto, atendidos por un obispo (el cántabro Alfonso de Galarreta, nacido en Torrelavega en 1957) y media docena de curas. Dicen que cuentan con un millar de fieles. En este desapacible anochecer de viernes han pasado por la parroquia madrileña al menos medio centenar.
La excomunión emitida por Juan Pablo II en 1988 afectó sólo al arzobispo rebelde y a los cuatro obispos consagrados. Ni los sacerdotes ni los fieles que les siguen han estado excomulgados. "Yo vengo a misa aquí desde siempre, y pienso seguir haciéndolo. Aquí rezo y veo lo que me enseñaron cuando era pequeño", dice un feligrés, jubilado, que no aparenta los 60 años. Su esposa, mucho más joven, argumenta con mayor pasión. Se conoce de memoria los teléfonos de la parroquia y los de la "casa central" que la Fraternidad tiene a las afueras de Madrid. Del obispo Galarreta, sabe que ha estado la pasada semana "por acá" y que les "visita muchas veces", pero no quiere facilitar su localización. Se queja de que la prensa "no busca más que el escándalo y el escarnio".
Es imposible imaginar la excomunión de estos feligreses, pero también que hayan sido en estos años unos cismáticos, como se les tacha. Ríen, incluso con ganas. "Nuestros obispos no fueron excomulgados por herejía o por vida moral reprobable. De eso, nada de nada. Y hágase cuenta de nosotros".
Sobre los otros motivos del cisma, no sólo no rectifican, sino que presumen, como si fuese el Papa quien se acerca a la fraternidad, y no al revés. "Reconocemos al Papa como cabeza de la Iglesia y creemos todo lo que la Iglesia cree. A mí no me han enseñado otras cosas que las que aprendí de siempre. A veces leo que este Papa y los anteriores han gobernado muy mal nuestra Iglesia y que se han permitido cosas que no se debieron permitir, como esas misas que parecían guateques de barrio. Lo está diciendo ahora hasta Benedicto XVI".
Pese a no querer hablar con nombre y apellidos, los feligreses de Madrid parecen hartos y exhiben respuestas que tienen preparadas desde hace años. "Mire, mire. Antes de ser elegido papa, el cardenal Ratzinger acusó a algunos obispos de haber permitido reformas ‘con el entusiasmo de los zelotes’. Mire, aquí está la frase, en esta revista. Llévesela, se la regalo yo".
Se titula “Sí Sí No No”. Revista católica antimodernista y, efectivamente, es un catálogo de las reformas conciliares matizadas en los últimos años por Roma, incluida la prohibición de decir la misa en latín y de espalda a los fieles.
Los excesos litúrgicos no eran lo peor. Lefebvre rechazó también las enseñanzas de fondo del Vaticano II, donde había participado. Las consideraba contrarias a lo proclamado por los grandes papas anteriores. En concreto, le dolía la desautorización a Pío X (1835-1914), que en la encíclica Pascendi, de 1907, había condenado sin miramientos el modernismo. También cuestionó algunos actos de Pablo VI y Juan Pablo II.
Fuente: El País
[SE}-- Keynes y Friedman se equivocaron
06.02.09
Adrián Ravier
En estos tiempos de penuria, la mayoría de economistas miran hacia atrás y comparan la crisis actual con la ocurrida en la Gran Depresión de los años treinta.
Sobre ese período hay tres interpretaciones principales. Primera, la keynesiana, desarrollada por Lord Keynes para provocar una contrarrevolución en el ambiente académico y devolver a las universidades las desprestigiadas teorías mercantilistas.
Segunda, la visión de la Escuela de Chicago, que, al contrario de Keynes, no considera que la crisis se debiera a la inestabilidad del sistema capitalista, sino a un error de la política monetaria. Friedman asegura que el fallo fue no haber mantenido una política monetaria “estable”. De haber mantenido la misma tasa de expansión del crédito para el período 1924-1928, Estados Unidos y el mundo no habrían tenido que pasar por aquella dolorosa depresión.
Tercera, la visión de la Escuela de Viena, que, al igual que la de Chicago, desconfía de la visión keynesiana. No obstante, si bien reconoce que el error estuvo en la política monetaria, no se concentra en la contracción iniciada en 1928-1929, sino en el proceso de expansión crediticia iniciado en 1924.
Tenemos aquí un gran debate que los economistas nos deberíamos replantear: Friedman asegura que la política monetaria debió seguir su camino, y entonces se habría evitado la Gran Depresión. Mises y Hayek, por su parte, afirman que, una vez iniciado el proceso de expansión, la recesión era inevitable.
La actual crisis global tiene una característica distintiva respecto de aquella Gran Depresión: si bien ha habido en los últimos años períodos de desaceleración económica (por ejemplo, 2001 y 2002), la Reserva Federal nunca emprendió un proceso de contracción monetaria como el de 1929-1933.
¿Por qué entonces estamos sufriendo un proceso de crisis y depresión que ha llevado a Estados Unidos a su mayor retroceso económico en 26 años? ¿Cómo explica la Escuela de Chicago el desplome bursátil? ¿Cómo explicaría Friedman la burbuja inmobiliaria y la caída en los precios de los inmuebles? ¿Qué respuesta se nos ofrece sobre las enormes cantidades de empleos destruidos que cada día saltan a los titulares de todos los diarios? ¿Se sigue manteniendo que la política monetaria no tiene efectos reales sobre la economía?
La actual crisis también fue provocada por errores de política monetaria. Pero no porque haya habido una “gran contracción” por parte de la Reserva Federal, semejante a aquella de la década de los treinta, sino ésta —y también el Banco Central Europeo y el de Japón; podríamos enumerar a prácticamente todos los bancos centrales— han creado esta “burbuja económica” que necesariamente se debía desinflar.
Numerosos empresarios e intelectuales, entre ellos economistas de todas partes del mundo, se han reunido en Davos para intentar explicar qué ocurrió y qué medidas pueden tomarse para evitar crisis semejantes en el futuro. El desconcierto no tiene antecedentes.
Davos nos ha dejado una importante conclusión: es necesario un cambio de paradigma para entender cómo funciona el mundo, para entender lo que ocurrió en esta “segunda Gran Depresión” y, desde luego, también para entender qué reformas son necesarias, con el objetivo de que esta crisis no se repita.
Hayek tenía razón en su interpretación de la Gran Depresión de los años treinta. Mises, su maestro, junto a toda la Escuela de Viena, nos han dejado un paradigma económico alternativo que todos los economistas debieran empezar a considerar seriamente.
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Adrián Ravier es economista de la Fundación Friedrich A. von Hayek.
Fuente: Libertad Digital
[SE}-- El derecho a vivir y a morir en paz
12-02-09
Albert Esplugas Boter
El caso de Eluana Englaro ha planteado en Europa el mismo debate que hace tres años suscitó en Estados Unidos la muerte asistida de Terri Schiavo: la legimitidad de la eutanasia y la protección de una vida aun a expensas de la voluntad de quien la vive.
Eluana, la joven italiana que permaneció en coma 17 años, falleció el pasado martes 10 de febrero después de que le suspendieran la alimentación e hidratación artificial que la mantenían con vida. El padre de Eluana asume toda la responsabilidad por lo ocurrido y asegura que está llevando a cabo el deseo expreso de su hija de no vivir en estas condiciones. El Congreso italiano, a instancias del partido de Berlusconi, se movilizó para intentar aprobar una ley que obligara a mantener con vida a Eluana, y el Vaticano también ha presionado para impedir la muerte de la muchacha.
Algunos partidarios de seguir alimentando a Eluana opinan que la vida es un valor absoluto y debe protegerse siempre y en toda circunstancia. Esta visión no admite excepciones ni matices, y por tanto no acepta el suicidio ni el suicidio asistido como opciones legítimas. El problema con esta postura es que convierte el derecho a la vida en una obligación, y un derecho no lleva implícito la obligación de ejercerlo.
Negar el derecho al suicidio o al suicidio asistido supone negar que tengamos un "derecho de propiedad" sobre nuestro cuerpo (un derecho a decidir sobre nuestro cuerpo). Negar este "derecho de auto-propiedad" plantea irresolubles preguntas y absurdas conclusiones, sobre todo si uno es de inclinación liberal: ¿Cómo puede justificarse el derecho de propiedad privada sobre bienes materiales si no se acepta el derecho de propiedad privada sobre nuestro propio cuerpo? Si no somos propietarios de nuestro cuerpo, ¿tenemos derecho a fumar un cigarrillo o a comer una hamburguesa, o tenemos que esperar a que el Ministerio de Sanidad nos dé permiso? Si nosotros no tenemos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, ¿quién lo tiene? Porque alguien debe poder decidir sobre nuestro cuerpo si es que nosotros no podemos, aunque sólo sea para prohibirnos decidir. ¿No resulta paradójico que el derecho de propiedad sobre nuestro cuerpo recaiga en alguien que es completamente ajeno al mismo, que ni lo siente ni lo controla?
Quienes confunden el asesinato con el suicidio asistido están obviando un elemento clave: el consentimiento de la persona afectada. La diferencia entre quitarle la vida a una persona sin su consentimiento (asesinato) y terminar su vida con su consentimiento (suicidio asistido) es conceptualmente la misma que hay entre quitarle 100 euros sin su consentimiento (robo) y tomarlos con su consentimiento (aceptar una donación).
Es imposible hablar de agresiones a la propiedad (incluido nuestro cuerpo) sin referirnos al consentimiento de la persona sobre el uso de esa propiedad. En el suicidio asistido dos personas adultas deciden voluntariamente sobre algo que es propiedad de uno de ellos.
En el caso de los pacientes que, como Eluana o Terri, no pueden expresar ningún consentimiento porque se encuentran en estado vegetativo, la cuestión se complica. En otros escenarios en los que una persona sufre incapacidad y debe tomarse una decisión, la ley suele contemplar que sean los más allegados quienes elijan. La premisa razonable es que la esposa, marido, padres, hijos etc. son quienes más interés tienen en el bienestar del afectado y tratarán de reproducir la decisión que aquél hubiera tomado.
Es cierto, no obstante, que en el caso de la eutanasia estamos hablando literalmente de una decisión de vida o muerte, y si la decisión no es tomada en interés del paciente, la consecuencia es fatalmente irreversible. Además, la preferencia por vivir es intensa en casi todas las personas, sea cual sea su condición.
Por este motivo puede ser prudente hacer recaer la carga de la prueba en quienes piensan que el paciente hubiera elegido morir. Si el paciente dejó su voluntad por escrito, no hace falta intentar adivinarla. Si no lo ha hecho, entonces los familiares deberían aportar indicios que sugieran que el paciente se habría decantado por la eutanasia. En el caso de Eluana, el padre ha insistido en que era el deseo expreso de su hija no ser mantenida con vida en estas condiciones, después de que un amigo suyo sufriera un episodio similar. Ha dicho el padre de Eluana:
“Cuando ella volvió de su última visita a su amigo en coma me dijo que no quisiera jamás encontrarse en una situación así, y me hizo prometer que, ocurriera lo que ocurriera, nunca la abandonaría en ese estado”.
Si no hay motivos para dudar de la sinceridad y el amor del padre por su hija, esta declaración debería tenerse en cuenta.
La oposición a contemplar la eutanasia como una opción, en contra de la voluntad explícita o estimada del afectado, lleva implícita la premisa paternalista de que nosotros sabemos mejor lo que conviene a esa persona que ella misma. No nos preocupa su opinión, le imponemos nuestra creencia de "lo que es correcto" aunque ella la hubiese rechazado.
Si a mí me ocurriera una desgracia que me incapacitara para tomar decisiones, sumiéndome en un estado vegetativo que me causara enorme sufrimiento, me gustaría que las personas que más me quieren se pusieran en mi piel y tomaran la decisión que creen que yo tomaría en esas circunstancias. Estoy seguro de que eso es lo que harían, con independencia de lo que dijera el Vaticano o el presidente del Gobierno.
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Albert Esplugas Boter es miembro del Instituto Juan de Mariana, autor del libro “La comunicación en una sociedad libre” y escribe regularmente en su blog.
Fuente: Libertad Digital
[SE}-- La falacia de la vivienda asequible / Thomas Sowell
30.01.09
Thomas Sowell
Detrás de la expansión y posterior pinchazo de la burbuja inmobiliaria se esconde uno de esos conceptos, tan seductores como indefinidos, que resultan tan populares en política: "Vivienda asequible". Me resulta difícil saber de qué hablan exactamente quienes pronuncian esas palabras, pero, por otra parte, saber despertar emociones sin mancharse las manos con los detalles es una habilidad imprescindible en política.
Si echo la vista atrás sobre mi propia vida, no encuentro un solo momento en que no viviera en una vivienda asequible.
Cuando me fui de casa, allá por 1948, alquilé una habitación de 1,2 x 2,4 metros por $5,75 a la semana. Dado que mi salario después de impuestos era de 22,50, la vivienda era asequible (ahora habría que multiplicar más o menos por diez para tener el precio equivalente a los de hoy en día).
Después de tres años de vivir en habitaciones de alquiler, pasé a dormir en las instalaciones militares del Cuerpo de los Marines y, a veces, en tiendas de campaña. No me costaba ni un centavo, así que eso era ciertamente asequible.
Al regresar a la vida civil, en 1954, alquilé mi primer apartamento: un estudio pequeño, pero asequible. Un año más tarde me fui a estudiar a la universidad, y viví en colegios mayores de diversos campus durante los seis años siguientes. Ninguno era lujoso, pero todos fueron asequibles.
Tras finalizar mis estudios alquilé otro estudio. No era un avance sustancial, pero me lo podía permitir. En 1961 pude alquilar mi primera casa, tras varios años como profesor de universidad. Finalmente, empecé a adquirir mi primera casa en propiedad, doce años más tarde.
A pesar de que los detalles concretos sin duda serán distintos a los de los demás, el patrón que conforman sí es más habitual. La mayor parte de la gente paga lo que puede permitirse en cada momento. ¿Cuál es, pues, el "problema" que los políticos aseguran estar solucionando cuando hablan de crear "viviendas asequibles"? Pues normalmente lo que dicen y hacen se reduce a intentar que sea posible que la gente elija primero la vivienda que quiere, para después imponer alguna política o ley que obligue a otros a hacer "asequible" para ellos esa elección.
Si uno se detiene a pensarlo, es una política destinada al desastre. No podemos ir por ahí comprando todo lo queremos sin importarnos el pequeño detalle de no tener el dinero suficiente para ello, porque obligamos a otro a pagarlo, porque cuando hablamos de la sociedad en su conjunto, no existe ese "otro". Pero, por supuesto, la propaganda política no está diseñada para aguantar un mínimo escrutinio racional. En realidad, sirve más bien como sustituto emocional para animarnos a no pensar en absoluto.
En ocasiones se intenta dar una cierta apariencia de raciocinio al término "vivienda asequible", comparando el costo de la vivienda con los ingresos de aquéllos que la ocupan. De hecho, eso mismo fue lo que hice cuando alquilé mi primera habitación. Para eso no hace falta ser físico nuclear, ni entonces ni ahora.
La diferencia está en que hoy día existe un porcentaje arbitrario de la renta de cada uno que marca el límite a lo que el Gobierno considera vivienda asequible. Solía ser el 25%, pero podría ser el 30% o alguna otra cifra. El problema, al margen del porcentaje que se elija, está en que ya no es responsabilidad de cada uno elegir la vivienda que encaja dentro de ese límite. Poner la diferencia ha pasado a convertirse en la obligación del contribuyente cuando alguien elige una vivienda cuyo costo supera ese número mágico.
Ya no está de moda sostener que es responsabilidad individual trabajar hasta tener la capacidad y experiencia laboral suficiente como para poder ganar el dinero necesario para permitirse una casa mejor. ¿Para qué esforzarse cuando el Gobierno puede "distribuir la riqueza", por utilizar otro término político?
Lo realmente irónico es que el constante aumento del intervencionismo público en el mercado inmobiliario ha conseguido que la vivienda sea menos asequible que antes, se mire por donde se mire. Y la ironía definitiva es que incrementar el intervencionismo público en el mercado inmobiliario a lo largo de los años en general ha vuelto la vivienda menos asequible que antes, se mida como se mida.
Hace cien años, los estadounidenses dedicaban a la vivienda un porcentaje de sus ingresos inferior al que dedican hoy. En 1901, el costo de la vivienda se llevaba el 23% de los ingresos del useño. Hacia 2003, se llevaba el 33% de una renta muy superior. En los lugares en los que las regulaciones y restricciones públicas han sido especialmente severas, como la costa de California, los alquileres y las letras de las hipotecas han llegado a alcanzar hasta el 50% de la renta media de cada habitante.
La mayor parte de nuestros problemas no son, ni de lejos, tan severos como las "soluciones políticas” que supuestamente deben resolverlos. En la vivienda, las políticas que se han puesto en práctica han conducido a la gente, mediante engaños, a situaciones insostenibles para ellos y para el país.
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Thomas Sowell es doctor en Economía y escritor. Es especialista del Instituto Hoover.
Fuente: Libertad Digital

