[*Drog}– El (drog)amor es ciego … y maternal

Ésta sí que es una noticia importante: la similitud entre el amor romántico —léase drogamor— y el maternal, pues en ambos se pierde la capacidad de criticar a la pareja (romántico) o a los hijos (maternal).

Entre las muchas madres biológicas que he conocido, muy pocas se han revelado como capaces de ver, y de aceptar que son reales, los defectos de sus hijos, y menos aún el que ellos hayan delinquido.

Por el contrario, al decir de estas madres, sus hijos son lo mejor de lo mejor, y sin rubor lo pregonan a los cuatro vientos. Y cuando oigo que una madre se expresa así, compadezco al hijo, aun sin conocerlo, y me pregunto cuándo podrán las mujeres dejar de reaccionar como madres animales —o “bioanimales” (= madre biológica que en su rol de madre se comporta como una madre animal), y hacerlo como seres racionales —o como madres “biorracionales” (= madre biológica que en su rol de madre se comporta como un ser racional)—, sin dejarse llevar por un instinto de origen animal destinado a proteger a las crías.

¿Dónde queda eso de que somos seres racionales? Hasta los animales usan este instinto mejor que las madres humanas, pues las madres animales protegen como tales a sus crías hasta qué éstas alcanzan cierta edad; luego, si te vi no te conozco. No sería bueno, ni sería racional, que las madres humanas llegaran a ese extremo, pero tampoco que se sitúen en el opuesto, que es donde están las más de ellas.

Tal vez yo sea sensible a esto porque en El Paso, el pueblo en que me crié, se hacían burlas a a espaldas de los padres o madres que vivían en perenne alabanza de sus hijos, o se les enfrentaba cara a cara cuando se negaban a aceptar la evidencia de que sus vástagos habían hecho algo malo. En El Paso de entonces era común que los padres le hicieran notar a sus hijos los malos rasgos de su carácter o conducta, pero no que alabaran los buenos, ya fueran reales o supuestos.

Para complicar la situación, cuando más bioanimal es una madre, peor pareja es, pues la dedicación a su cría —sea una o sean varias— le exige tiempo y atención que, de no ser por la cría, podría dedicar a su relación de pareja. De ahí el origen del “Para la pura relación de pareja, los hijos son un estorbo”. Y tanto más estorbo son cuanto más bioanimal sea su madre.

Dicen que se ha descubierto que existen diferencias entre géneros —¿insólito, verdad?—, y en la lista de tales diferencias está la forma en que hombres y mujeres ven a sus hijos, pues son más las madres bioanimales que los padres bioanimales. De esto se deduce que llegar a la tan cacareada igualdad entre los sexos requiere que las mujeres bajen su nivel de “bioanimalidad”, que es el que les lleva a casi la histeria cuando creen o saben que no podrán ser madres.

Como ya he mencionado antes, el drogamor sí es un sentimiento, pero el amor no, aunque la RAE diga que sí. El drogamor, como muy bien lo define Mara Dierssen —que en su definición se refiere al enamoramiento o drogamor—, es “una adicción química entre dos personas”. Nótese lo de adicción, muy propio de las drogas, y recuérdese lo que éstas pueden hacer a sus adictos.

Y si el amor romántico —o sea, el drogamor— vuelve imbécil a quien lo padece, ¿qué calificativo merece la bioanimal?

Carlos M. Padrón

P.D.: Un chiste que ilustra cómo suele pensar una madre bioanimal:

Dos señoras se encontraron después de un buen tiempo sin verse. Una le preguntó a la otra:

—¿Cómo están tus hijos, Rosa y Francisco?

—Ay, querida, Rosa se casó muy bien. Tiene un esposo maravilloso. Es él quien se levanta de madrugada para cambiar los pañales de mi nieto, prepara el café en la mañana, lava los platos y ayuda en la cocina. Después de todo esto se va a trabajar. Un amor de yerno, gracias a Dios.

—¡Que bien, querida amiga! Y tu hijo Francisco, ¿también se casó?

—También se casó, pero tuvo mala suerte; su matrimonio anda muy mal. Imagínate que él tiene que levantarse de madrugada para cambiar los pañales de mi nieto, hacer el café en la mañana, lavar los platos y ayudar en la cocina. Y después de todo esto, ¡¡¡sale a trabajar para mantener a la perezosa y desgraciada de mi nuera!!!

***

24.03.08

(PD).- Las últimas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro sostienen que las personas que están realmente enamoradas pierden la capacidad de criticar a sus parejas, es decir, se vuelven incapaces de ver sus defectos, lo que viene a confirmar aquel popular refrán que asegura que “el amor es ciego”.

Al menos esto es lo que sucede en los casos de amor romántico o maternal, en los que se ha detectado que, ante determinados sentimientos, se activan las mismas regiones del cerebro, según ha explicado la neurobióloga Mara Dierssen, investigadora del Centro de Regulación Genómica de Barcelona.

Lo más curioso del caso, sin embargo, es que, paralelamente a esta estimulación que se produce en las mismas regiones cerebrales, en ambos tipos de amor se “desactiva” la zona del cerebro encargada del juicio social y de la evaluación de las personas. Se suprime, por tanto, la capacidad de criticar a los seres queridos, una situación que se reproduce tanto en humanos como en animales.

“Cuando nos enamoramos perdemos la capacidad de criticar a nuestra pareja, por lo que puede decirse que, en cierta manera, el amor es ciego”, señala Dierssen, que recientemente ha participado en un ciclo sobre Amor, ciencia y sexo organizado por la Obra Social de La Caixa.

Adicción química

Los estudios que desde hace varios años se llevan a cabo en humanos y ratones para conocer el complejo funcionamiento del cerebro están aportando datos tan novedosos como sorprendentes en el siempre estimulante terreno del amor. Estos avances están ayudando, por ejemplo, a responder a preguntas tan básicas, pero también tan enigmáticas y sugestivas, como qué pasa en nuestro interior cuando nos enamoramos, qué sucede en el cerebro o por qué sentimos, o no, deseo sexual.

El diccionario de la Real Academia Española define el amor como “un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Para Mara Dierssen, sin embargo, el amor es algo más simple: “Una adicción química entre dos personas”.

Dice esta investigadora que cuando existe enamoramiento de verdad se dan, en mayor o en menor medida, una serie de circunstancias comunes, como la atracción física, el apetito sexual o el afecto y el apego duradero. Estos sentimientos desencadenan en nuestro interior un conjunto de alteraciones químicas que generan sustancias como la dopamina, responsable de la sensación de atracción, o la serotonina, implicada en los pensamientos obsesivos.

El análisis de estos aspectos, así como de la actividad cerebral, también ha permitido constatar que el cerebro de hombres y mujeres funciona de manera diferente en cuanto al amor se refiere, y que cuestiones como los diferentes niveles de apetencia sexual tienen una explicación científica. “Se ha descubierto que existen diferencias entre géneros, de manera que el hombre es más sexual, tiene un apetito sexual más constante, mientras que la mujer es más sensitiva”, explica Dierssen. Incluso la infidelidad afecta de manera diferente a unas y otras especies.

PD

***

01/04/2008

Jesús Sancho

La neurobióloga e investigadora del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, Mara Dierssen, participó en una conferencia que trató estos temas y que sirvió para clausurar la Semana Mundial del Cerebro celebrada en la Ciudad Condal. Dierssen ahora desgrana en esta entrevista con todo detalle científico aquel tópico de que el amor es ciego.

La Ciencia se ha lanzado a descubrir los secretos del amor. Las últimas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro han revelado que las personas cuando se enamoran pierden la capacidad de criticar a sus parejas al desactivarse las áreas del cerebro que tienen que ver con las emociones negativas.

-¿Qué es lo que pasa en el interior de nuestro cerebro cuando nos enamoramos?
-Estudios de neuroimagen muestran que en las primeras fases de amor romántico se desactivan las áreas del cerebro que tienen que ver con las emociones negativas. Y eso se podría interpretar como que cuando estamos enamorados nos sentimos más fuertes, capaces de todo, y las emociones positivas imperan, según la antropóloga Helen Fisher o el neurobiólogo Semiz Zeki.

-Entonces, ¿se puede decir que el amor es ciego?
-En cierta manera el hecho de que las áreas que tienen que ver con el juicio crítico social se desactiven proporcionaría una explicación neurológica de que el amor es ciego ya que, cuando valoramos a la persona que queremos, nuestra capacidad de juicio se reduce. Pero todas las fases del enamoramiento no son iguales, y estamos hablando fundamentalmente de una fase relativamente todavía inicial.

-¿Y qué queda de aquello del amor romántico?
-¡Incluso en la literatura el amor romántico tampoco es eterno! De hecho, desde un punto de vista biológico, ese amor romántico requiere una inversión energética muy importante, y nuestro cerebro está construido para poder habituarse a los estímulos. La habituación es un tipo de aprendizaje en el cual la respuesta frente algo novedoso va disminuyendo con el tiempo lo mismo sucede con las personas que conocemos aunque no estemos enamoradas de ellas.

-¿Usted cómo definiría el amor?
-Desde un punto de visto neurobiológico, el amor es una emoción compleja, un sentimiento privado que se acompaña de elementos de pasión, de deseo y de placer, pero que tiene diferentes fases, según la antropóloga Helen Fisher. Y ese enamoramiento romántico y obsesivo daría paso a una emoción más compleja y elaborada que requiere la formación de lazos estables. Para mí el amor también es entrega, dar sin esperar a recibir nada a cambio.

-¿El proceso de enamoramiento entre el hombre y la mujer es el mismo?
-Los trabajos de Fisher indican que el hombre tiende a ser estimulado más por señales visuales y de forma más constante, mientras que la mujer está influida por otro tipo de elementos. Por ejemplo, existen algunos estudios en los que se realizaron encuestas a estudiantes de un entorno universitario y mostraban que las mujeres tenían más preferencia por personas que denotaban capacidad de protección, un aspecto más tierno o una mayor intención de mantener una relación estable e invertir en ella, y no por los que tenían el aspecto musculoso, que típicamente asociamos al concepto de atracción.

-¿Científicamente también me puede explicar cómo se inicia el deseo sexual?
-Aquí hay mucha controversia, y además hay que puntualizar que en el enamoramiento se dan unos condicionantes culturales y sociales importantes. Pero hay dos elementos fundamentales que influyen en la atracción. El primero es visual, los humanos tenemos un cerebro muy visual y te puedes enamorar de una persona que, por ejemplo, sale en una película. Y el otro elemento que influye es el sistema olfatorio, que parece ser que tiene una gran importancia en el deseo sexual y la capacidad de reconocer el atractivo de la persona querida.

-Una de las caras amargas del amor, sobre todo quien la sufre y causa de ruptura de muchas parejas, es la infidelidad. ¿Se puede hablar de una base genética de la infidelidad?
-En cualquier caso si nos hemos de basar en el hecho cultural y en los perfiles conductuales que observamos en la población general, parece que no se puede concluir que somos monógamos por naturaleza porque la tendencia es más bien a la promiscuidad sin que eso quiera decir que no podamos establecer relaciones monógamas y que no haya muchas parejas que lo sean.

-Entonces se puede concluir que somos un poco promiscuos…
-Lo que está claro es que si hubiera por naturaleza una tendencia a la monogamia, no existiría la poligamia. El perfil global de la población sugiere más bien que somos tendentes a la monogamia de forma cultural, aunque tenemos también un componente de promiscuidad. De hecho, algunos investigadores, como Tom Insel, apuntan a que la monogamia no existe, aunque si puede existir una monogamia sucesiva, es decir, que somos monógamos durante un tiempo y luego cambiamos de pareja y somos monógamos durante otro tiempo.

-El cerebro ha sido uno de los órganos más estudiados pero a la vez uno de los más desconocidos. ¿A qué se debe?
-Hemos avanzado mucho en el conocimiento del cerebro, pero todavía no tenemos muy claro el por qué, es decir, cómo se traduce toda esa información en consciencia, abstracción o sentimientos, y cómo pasamos de esos patrones de activación cerebral al proceso mental.

-¿Considera que la Ciencia se puede ocupar de cualquier cuestión o tiene también sus propios límites?
-Todo lo que surge en nuestro cerebro es susceptible de ser estudiado por la neurociencia. Otra cosa es que, por supuesto, existen límites técnicos o derivados del propio interés temático del científico.

La Vanguardia

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