Archivo de la categoría: Drogamor

Término acuñado por mí para referirme al enamoramiento, ese sentimiento que causa el efecto de una droga y que mucha gente llama ‘amor’.

[*Drog}– La Naturaleza y el drogamor

16-09-2015

Carlos M. Padrón

En realidad, del artículo que copio abajo no me convence que los resultados de un estudio hecho con los pinzones cebra, que son aves, sean aplicables a humanos, pero no deja de llamar mi atención que tales resultados concluyan —como ya dijo antes Helen Fischer— que los emparejamientos por drogamor son un recurso de la Naturaleza para “garantizar que, durante la larga fase de dependencia de los hijos, éstos obtendrán el apoyo de sus padres”.

O sea, que, como ya he dicho aquí varias veces, se demuestra una vez más que a la Naturaleza no le interesa nuestra felicidad, sino perpetuar la especie humana.

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14/09/2015

Pilar Quijada

¿Por qué la evolución ha favorecido el emparejamiento por amor?

Aunque pueda sorprendernos, la idea de emparejarse por amor es un “invento” relativamente reciente, al menos en nuestra especie.

Hoy nos parece normal, pero en el pasado muchos matrimonios se hacían por conveniencia, como explica la historiadora Stephanie Coontz en su libro «Historia del matrimonio». Surgido inicialmente como un contrato o alianza entre grupos (clanes, familias y linajes), más que entre una pareja, la «revolucionaria» idea de casarse por amor no se impuso hasta el siglo XVIII.

Sin embargo, hoy en día, los humanos somos extremadamente exigentes cuando se trata de emparejarnos. Una exigencia que ha ido “in crescendo” a medida que las mujeres han adquirido independencia económica para rechazar casarse si no encuentran un compañero adecuado, o para dejar a su pareja cuando se sienten infelices, resaltaba Coontz en una entrevista concedida a ABC en 2006.

¿Pero cuál es el punto de vista evolutivo sobre este tema? Un estudio que se publica en la revista PLoS Biology podría tener la respuesta.

Investigadores del Instituto Max Planck de Ornitología, de Alemania han ideado un elegante diseño experimental para aclarar esta peliaguda cuestión de la elección de pareja, a la que dedicamos gran cantidad de tiempo en la fase previa del cortejo, que incluye ilusiones y también frustraciones.

Y para ello han utilizado a pinzones cebra, también conocido como diamante mandarín, unos pájaros australianos que ya se han prestado en otras ocasiones a estudios sobre la fidelidad. Aprovechando las similitudes de estas aves con nuestra especie, en el cortejo, la monogamia y el cuidado de las crías, los investigadores establecieron una sesión de “citas rápidas”, dejando a grupos de 20 hembras elegir libremente entre 20 pinzones macho.

Una vez que las aves se habían emparejado, a la mitad de las parejas se les permitió una vida de felicidad conyugal. Sin embargo, la otra mitad tuvo peor suerte. Como una reminiscencia de lo que ocurría en el pasado con los matrimonios humanos, los investigadores separaron a la feliz pareja y obligaron a cada integrante a unirse con otro compañero distinto del elegido.

Tanto a las parejas felices como a las de “conveniencia” (de los investigadores, en este caso) las dejaron criar libremente y evaluaron su comportamiento mediante el número de los embriones y pollos muertos así como hijos supervivientes.

Sorprendentemente, el número final de pollos supervivientes fue un 37% mayor en el caso de las aves que se habían emparejado “por amor” que en las parejas impuestas. Los nidos de parejas formadas sin posibilidad de elección tenían casi tres veces más huevos no fecundados que las de las de libre elección, y un mayor número de huevos fueron escondidos o se perdieron.

También murieron muchos más pollos de estas parejas después de la eclosión. La mayoría de las muertes ocurrieron dentro de las primeras 48 horas, un período crítico durante el cual los padres obligados a emparejarse eran notablemente menos diligente en sus deberes con las crías que los de las parejas felices.

Pero, por lo que parece, la cosa venía de atrás. El noviazgo de ambos tipos de parejas —felices y obligadas— mostró algunas diferencias notables. En primer lugar, aunque los machos de las parejas obligadas prestaban la misma atención a sus compañeras que los de las parejas felices, las hembras eran mucho menos receptiva a sus iniciativas y tendían a aparearse con menos frecuencia.

Además, al analizar la armonía de las parejas, los investigadores vieron que las que no tuvieron elección eran en general mucho menos “tiernas” que las felices. También registraron un mayor nivel de la infidelidad en las aves de las parejas obligadas.

Los investigadores concluyen que las aves varían bastante en sus gustos y eligen compañeros que encuentran estimulantes de alguna manera que no es necesariamente obvia para un observador externo. La elección hace que las hembras de pinzón tengan mayor probabilidad de éxito en la cópula, y promueve el compromiso paterno durante el tiempo necesario para criar a la nidada. En conjunto, esto maximizaría la probabilidad de que la pareja perpetúe sus genes a través de una descendencia próspera.

¿Suena familiar?

Es probable que el juego de la seducción en nuestra especie tenga una finalidad parecida para garantizar que durante la larga fase de dependencia de los hijos obtendrán el apoyo de sus padres.

De hecho, los resultados de estos autores son coherentes con algunos estudios sobre las diferencias entre matrimonios basados en el amor y los llevados a cabo por conveniencia en la sociedad humana.

De ahí que dediquemos tanto tiempo y esfuerzo a la fase previa de cortejo, pese a que en algunos casos obtengamos frustraciones.

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[*Drog}– Las mujeres guapas y el disparador del drogamor

30-06-2015

Carlos M. Padrón

Ese “algo” que tienen las chicas mujeres, que es de lo que trata el artículo que copio abajo, es el comienzo del drogamor.

Y que el tal “algo” haga que los varones dejen de pensar de forma racional ocurre cuando éstos no están conscientes de los nefastos efectos del drogramor.

Como yo sí lo estoy —pues escarmiento en cabeza propia y ajena—, la presencia de una mujer guapa me pone en guardia, y si además de guapa actúa con frivolidad o con claras muestras de que cree que su guapura hará que consiga de mí lo que quiere, no sólo pierde el tiempo conmigo, sino que mi reacción, consecuencia de que la razón prima sobre el instinto, no le gustará nada.

Además, como la guapura suele centrarse casi siempre en la cara, mi ventaja adicional es que yo la busco primero en las piernas, y para cuando mi escrutinio llegue la cara, ya puede que esté yo bastante decepcionado.

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30/06/2015

Las mujeres guapas anulan la capacidad de los hombres para pensar racionalmente

Las chicas guapas tienen algo especial que hace que los hombres se vuelvan locos. Ésta es una teoría que todos conocemos desde siempre, pero que, hace unas pocas jornadas, se ha corroborado gracias a un estudio publicado en la revista especializada «Frontiers in Neuroscience».

En él, un grupo de psicólogos asiáticos ha desvelado que las mujeres atractivas pueden hacer que los varones dejen de pensar de forma racional y acepten ofertas que no les reportan ningún beneficio.

Así pues, los expertos consideran que la belleza femenina tiene la capacidad de hacer que el cerebro pierda momentáneamente la conciencia de la justicia y la injusticia. «La gente se comporta muy bien con las personas atractivas; eso se sabía. Ahora, este estudio revela que las personas también son más tolerantes hacia las personas atractivas cuando se comportan ‘injustamente’, lo que sugiere que las personas atractivas pueden ser más egoístas en su vida porque su belleza hará que les perdonen», explica el psicólogo Anthony Little en declaraciones exclusivas al «The Huffington Post».

Para llegar a esta conclusión, los expertos solicitaron a 21 estudiantes masculinos de una universidad china que vieran 300 fotografías de mujeres asiáticas, la mitad de las cuales habían sido calificadas como atractivas y, el resto, como poco atractivas, por un grupo externo.

Tras observar cada instantánea, se les pidió que decidieran si repartirían una pequeña suma de dinero con cada una; en algunos casos, de forma justa y, en otros, de forma injusta. Todo ello, midiendo sus ondas cerebrales y sus tiempos de respuesta.

¿Cuál fue la conclusión? Según explica el estudio, se determinó que, cuando las chicas eran atractivas, la respuesta era siempre afirmativa y rápida aunque la oferta que se les ofreciesen fuera totalmente injusta. Los escáneres cerebrales también establecieron que la respuesta no era positiva, ni tan rápida, cuando la interlocutora se hallaba en el grupo de las poco agraciadas.

Con todo, a día de hoy se desconoce el por qué de este fenómeno. «En estos estudios de “juegos económicos” la gente que participa nunca va a ser satisfecha con una recompensa. Por lo tanto, parece que tenemos un sesgo que hace que seamos amables con la gente atractiva, incluso cuando la recompensa no nos afectará. Esto sugiere que nuestras motivaciones para ser amables con la gente atractiva no se basan en decisiones conscientes para maximizar beneficios», añade el experto.

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[*Drog}– Otra recopilación de verdades sobre el (drog)amor

27-02-15

Carlos M. Padrón

Como dije en el post Otra voz que denuncia el drogamor, cada vez son más las pruebas científicas que ratifican lo, lamentablemente, es aún para muchos casi una blasfemia.

El artículo que copio abajo menciona varias de tales pruebas, y deja bien claro lo del interés que en esto del drogamor mueve a las mujeres, que no es otro que el conseguir un buen proveedor que asegure la manutención de ella y, sobre todo, de sus crías, y por eso tardan más en enamorarse, o sea, son menos románticas.

Lo de que actúa como una droga ya es un lugar común que sólo un ciego querría ignorar, pero, claro, como la juventud es cada vez más dada a las drogas, ¿qué importa una más?

Y es por eso que si Helen Fisher llama al enamoramiento amor romántico, yo lo llamo drogamor.

Y eso de que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde —mencionado en el artículo de abajo— me hace recordar una gran verdad que publiqué en este blog el 18-10-2006: “Si quieres saber cómo es realmente la mujer con la que has estado casado, divórciate de ella“.

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26/02/2015

María Rosa Verdejo

15 verdades sobre el amor demostradas científicamente

Que el amor es ciego, que las mujeres son más enamoradizas, que el hombre es infiel por naturaleza…son algunas de las afirmaciones más comunes sobre el amor.

Pero, ¿qué hay de cierto en todas ellas? ¿Es verdad que el amor a primera vista existe? ¿Y que la llama se apaga con los años? Estudios científicos tienen las respuestas a éstas y otras cuestiones del corazón.

1. El amor es un impulso.

“El amor no es una emoción, sino un impulso, una necesidad fisiológica para el ser humano”, afirma Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey) que lleva dedicándose a la investigación del amor más de 30 años.

Ese impulso llamado amor surge cuando el cerebro se inunda de feniletilamina (anfetamina que segrega el cuerpo) a lo que responde liberando neurotrasmisores como dopamina, norepinefrina y oxitocina. También bajan los niveles de serotonina y se libera adrenalina, que inunda el torrente sanguíneo haciendo que aumente el ritmo cardiaco.

La mezcla de estas sustancias hace que se creen vínculos emocionales con la otra persona y aparezcan los típicos síntomas del enamoramiento: se acelera el corazón, empiecen los nervios y lleguen las mariposas al estómago.

2. El amor crea adicción, es como una droga.

Todos conocemos a alguien que es incapaz de estar solo, que solapa una relación con otra. ¿Por qué pasa eso?

Hay una explicación científica: cuando se está enamorado, la dopamina que se libera empieza a desplegar sus efectos. La euforia, el deseo, la satisfacción, el placer y la plenitud son consecuencia de la acción de esta hormona o neurotransmisor, que activa las mismas áreas cerebrales que el alcohol, el tabaco y otras sustancias adictivas.

Según un estudio realizado por la antropóloga Hellen Fisher en 2010, tanto la droga como el amor provocan los mismos sentimientos placenteros. Por eso, cuando ya no está esa sustancia (la dopamina), aparece el mismo síndrome de abstinencia, como ocurre con las drogas.

3. El amor a primera vista existe.

Estás en un bar, en el Metro o vas por la calle y, de pronto, te cruzas a alguien y piensas: “Me acabo de enamorar”. Si eres hombre posiblemente tengas razón, pero si eres mujer las cosas cambian.

La antropóloga Helen Fisher ha comprobado que las mujeres cuando se enamoran empiezan a segregar dopamina y activan partes del cerebro encargadas de la memoria y la rememoración. Por eso, ellas tardan más en enamorarse, porque necesitan más interacción con la otra persona. En cambio, los hombres activan las zonas del cerebro que responden a los estímulos visuales. Para ellos el aspecto físico desencadena la liberación de esa sustancia, y por eso suelen enamorarse más rápidamente que las mujeres.

A esto se sumaría la teoría evolucionista según la cual los hombres buscan una persona con la que sea efectivo tener descendencia sana y así asegurar que su información genética pasará a la siguiente generación, como explica Brenda Eskenazi, directora del Center for Children’s Environmental Health Research de la School of Public Health, en la Universidad de California, Berkeley.

Las mujeres, por el contrario, intentan buscar que sea un buen compañero para la crianza de los descendientes.

4. Nos atraen las personas guapas y misteriosas.

Que te cruces con esa persona puede ser casualidad, pero que te fijes en ella, no. Que te parezca guapa y atractiva también depende de la Ciencia. Como dijo Helen Fisher en una entrevista con el divulgador Eduard Punset, “nos enamoramos de personas que resultan misteriosas”. 

Esto se debe a que el misterio está asociado con la novedad, y ésta a su vez con la dopamina. A ello hay que unir que, según un estudio realizado por la Universidad de Nuevo México en 2011, los seres humanos nos sentimos atraídos por la simetría. Esto quiere decir que las caras simétricas activan las áreas cerebrales implicadas en el enamoramiento.

Ignacio Morgado, catedrático en Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona, defiende otro aspecto relacionado con la simetría, o más bien con las proporciones. “Los varones de prácticamente todas las culturas se sienten especialmente atraídos por la figura femenina cuya relación entre el diámetro de la cintura y el de la cadera es 0,7. Poco importa el peso del cuerpo si esa proporción se mantiene. El 0,7 es el modelo ideal desde la perspectiva masculina”, explicaba en la revista Quo.

El especialista señala que hay datos que indican que las mujeres con esas proporciones [se calcula dividiendo los centímetros de cintura entre los de la cadera] tienen en general menos prevalencia de enfermedades, aunque hábitos como el tabaquismo o la polución y el estrés hayan modificado y oculten esa posible realidad. “Al elegir la forma parece que los varones estamos también inconscientemente eligiendo potencial reproductivo”, añade Morgado,

5. Nos obsesionamos con la otra persona.

Sí, es amor, pero también un poco de obsesión. Que no puedas sacarte de la cabeza a la otra persona y que te acuerdes del más mínimo detalle de la primera cita, a priori puede parecer una locura, pero tiene su explicación. “El colocón del enamorado lo producen las sustancias que fabrica su cerebro: el alto nivel de norepinefrina produce euforia y pérdida del apetito, mientras que el bajo nivel de serotonina tiene que ver con la obsesión de estar con el amado”, explicaba Helen Fisher.

6. El amor es ciego.

Y esta frase tan popular, es cierta. La razón es que “la pasión inicial se caracteriza por las desactivación de regiones del cerebro como la corteza frontal, implicada en la lógica y el razonamiento”, afirma Morgado. De ahí que se diga que el amor es ciego.

7. Amores prohibidos son los más queridos.

Cuántas historias habremos escuchado de amores imposibles, frustrados, en los que los protagonistas sufren por no estar con la otra persona. ¿Por qué no pasan página y les cuesta superarlo? Pues parece ser que no es porque no quieran, sino que porque no pueden.

La dopamina, la sustancia que se libera al enamorarse, también se asocia con la motivación y las conductas para alcanzar un objetivo concreto. Percibir el impedimento aumenta los niveles de dopamina. Si surgen obstáculos, aumenta la necesidad de conseguir el objetivo, y los sentimientos se intensifican. Por eso, cuanto más se prohíbe ese objetivo, más atractivo resulta.

Prueba de ello son Romeo y Julieta, que dan nombre a este efecto, el “Efecto Romeo y Julieta”. Como explicó Carolina Bayo: “No es de extrañar, por tanto, que los amantes crucen continentes para abrazarse unos pocos días, o que cambien de trabajo o incluso mueran el uno por el otro. Cuando el sistema se activa, poco podemos hacer”

8. La llama se apaga.

“Ya no es como antes”, “hemos caído en la rutina”, “la ilusión no es la misma”… Son frases que suelen oírse en parejas consolidadas y no les falta razón.

Según recogía una entrevista a Eduardo Calixto, jefe de Neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, en National Geographic, el paso del tiempo hace que los receptores de dopamina empiecen a perder sensibilidad.

En un periodo de tres años dejarán de responder al estímulo, y desaparece esa sensación placentera de enamoramiento. Su sustituta es la oxitocina que está relacionada con la sensación de apego.

Esto explica que el sentimiento cambie, las emociones no sean las mismas: se sale de esa fase de enamoramiento, a la que Helen Fisher llama amor romántico, y se pasa a una fase más calmada en la que, si la relación no está construida en algo más que en el enamoramiento y la atracción sexual, la llama se apaga.

9. Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

Según Helen Fisher, cuando rompen con nosotros, experimentamos la llamada “atracción de la frustración “. Esto significa que volvemos a sentir la pasión que no había al final de la relación amorosa.

Así, es normal que la persona que no decide dejar la relación, aunque ésta ya estuviera rota, intente por todos los medios recuperar a su pareja porque en el momento de la ruptura se activa el área del cerebro que segrega la dopamina. Es decir, actúa igual que al principio de la relación, igual que el primer día.

10. Romper fotos y quemar las cartas ayuda.

Deshacerse de las cosas que te recuerdan a la otra persona, para olvidarla, probablemente sea un hábito que se practica desde que el mundo es mundo.

Alguien que nunca lo haya hecho puede pensar que eso de que la persona que ha sido dejada se líe a romper las cosas y las fotos que le recuerdan al otro, porque está dolida, se trata de una reacción de despecho. Y puede ser así en algún caso, pero lo cierto es que, generalmente, es una forma de protegerse.

Como dice Fisher, el amor crea dependencia. Esto hace que, para pasar página y para superar la ruptura, haya que cortar de raíz. Igual que cuando se quiere dejar de consumir cualquier sustancia adictiva. Se trata de evitar cualquier cosa que te recuerde a esa persona.

“Yo recomiendo a los que sufren mal de amores el programa de Alcohólicos Anónimos. Suprima de su vida todo lo que le recuerde a su examor. Nada de cartas, y no llamar bajo ningún concepto”, aconsejaba la antropóloga en 2005.

11. El chocolate es la solución.

Cuando se termina una relación en la fase de enamoramiento, el subidón de feniletilamina (esa anfetamina que produce nuestro cuerpo) cae de golpe. Esto hace que la persona piense que no puede vivir sin la otra.

Pero en realidad lo que pasa es que tiene el “mono” como explica Jesús. J. de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos. Tu cuerpo necesita la feniletilamina, y la necesita ya. Ante esta ausencia es normal que, aferrándose al chocolate, se prepare para pasar sus peores momentos. Esto se explica porque es un alimento rico en feniletilamina que le hará sentir, por lo menos, un poco mejor.

12. Del amor al odio sólo hay un paso.

El amor y el odio están íntimamente relacionados porque producen las mismas sustancias químicas, tienen mucho en común, según afirma Fisher. De ahí la expresión tan famosa. Sólo hace falta un detonante, un pequeño detalle para que de forma radical pases de un sentimiento al contrario.

Un ejemplo clarísimo de este tipo de detalles, aunque no tan pequeño, es la ruptura. Es muy probable que, en la escala del odio, una persona a la que han dejado de mala manera pase de cero a cien en cuestión de segundos. Carolina Bayo asegura que “si se analizan los ciclos cardíacos de una persona no se puede apreciar diferencia entre si una persona acaba de matar o ha tenido un orgasmo”.

13. La mayoría de las mujeres se quedan “pilladas” cuando tienen sexo.

“Amor y sexo son diferentes en cuanto a que pueden darse el uno sin el otro; funcionan y dependen de mecanismos cerebrales y hormonales que, aunque solapados, son en buena medida también diferentes”, afirma Ignacio Morgado.

Sin embargo, Eduardo Calixto explica que la zona de liberación de dopamina se activa durante el sexo, y el hecho de que en las mujeres este área sea un 70% más grande que en los hombres puede hacer que ellas se impliquen emocionalmente. Por eso, Helen Fisher afirma: “No hagas el amor con la persona de quien no quieras enamorarte”.

14. Infieles por naturaleza.

Desde el punto de vista evolutivo, uno de los principales intereses biológicos del ser humano es que su ADN pase a las siguientes generaciones.

El individuo seguirá la estrategia de reproducción que le permita tener más hijos, ya que así tendrá más posibilidades de que sus genes sigan transmitiéndose. Es decir, la monogamia no sería la mejor opción para conseguir ese objetivo. Por eso, se podría afirmar que el ser humano es infiel por naturaleza, para cumplir sus intereses biológicos.

Tal y como explica el doctor en psicología, Christopher Ryan, la poligamia sería un comportamiento evolutivo, mientras que la monogamia sería un comportamiento social: “La monogamia es antinatural; antes de ser sedentarios la reproducción no se limitaba a una sola pareja, pues cuantas más parejas tuvieran las hembras, tenían mayores posibilidades de tener hijos”.

Aunque esto no debería ser así necesariamente. El propio Ryan lo aclaraba en una entrevista al diario ABC: “Tenemos la capacidad de controlarnos. La monogamia es como ser vegetariano. Tú puedes decidir ser vegetariano, y puede ser una decisión sana, inteligente y ética. Pero ser vegetariano no cambia el hecho de que, por naturaleza, eres omnívoro. En nuestra especie somos omnívoros tanto en la dieta como en el sexo”.

Se han encontrado dos razones por las que el hombre ha evolucionado hacia la monogamia. En 2013 se publicaron sendas investigaciones en mamíferos que daban la respuesta definitiva al porqué de esta evolución, aunque con resultados diferentes.

El primer estudio, de la Universidad de Cambridge, establece que la razón es la protección de la hembra para evitar la competencia con otros machos. La otra investigación publicada en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, afirma que los mamíferos monógamos lo son para evitar el infanticidio: que otros machos maten a sus hijos para concebir con la madre.

15. Al hombre le duele más la infidelidad sexual, mientras que a la mujer la emocional.

¿Te dolería más que te engañaran emocionalmente o físicamente? Morgado asegura que, “aunque las parejas no tiene que permanecer unidas toda la vida, el amor crea la impresión de que es así, y por eso contribuye a estabilizar la unión. Los celos ayudan a impedir que se rompan esos compromisos”.

A partir de esto se deduce que “desde un punto de vista evolutivo, la idea es que la mujer resultaría más afectada por la infidelidad romántica de su pareja masculina que por su infidelidad sexual, pues la romántica le haría perder los apoyos que necesita en su misión reproductora. El hombre, por el contrario, asume más riesgo por la infidelidad sexual de su pareja femenina que por la romántica, pues esta última nunca le llevaría a invertir energías y tiempo en la cría de un descendiente que no fuera biológicamente suyo”.

Morgado lo resume: “Visto así, el hombre se sentirá más perturbado por las relaciones sexuales extramatrimoniales de su pareja que por sus amores, y al revés en la mujer, que acusaría más los amores de su pareja masculina”.

Fuente

[*Drog}– Cómo funciona el cerebro de una persona enamorada

15-02-15

Carlos M. Padrón

Por suerte, ya esto del peligro del drogamor —también llamado enamoramiento, amor romántico, etc.— va ganando cada vez más terreno.

El artículo que copio abajo insiste en lo mismo que muchos otros de reciente aparición, y remacha que el drogamor:

  1. Es como una droga, especialmente en las primeras fases del proceso de imbecilidad transitoria, como lo definió Ortega y Gasset;
  2. Causa adicción
  3. Provoca trastornos obsesivos
  4. Nubla la capacidad crítica, la capacidad de razonar
  5. Es de destacar la comparación con el instinto materno, ése que nubla también la razón y hace que una madre pregone a los 4 vientos que su hijo es una joya aunque esté claro que es un delincuente convicto y confeso.
  6. Tiene de cómplice a la Naturaleza, que lo que busca es perpetuar la especie. El bienestar o la felicidad de esa especie le importa poco.

Y me llama la atención que para fijar bien la diferencia entre amor y drogamor, el autor se refiere a éste como “amor (romántico)”. Le ofrezco el término ‘drogamor’ que es más corto, realista y expresivo.

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14 FEB 2015

Jesús Méndez González

Cómo funciona el cerebro de una persona enamorada

La Ciencia no comprende la totalidad de ese sentimiento, pero hay mecanismos neurológicos que sí se conocen. Que no le pillen por sorpresa.

Quien más quien menos ha intentado dilucidar qué es el amor, qué ocurre cuando sucede. Y la Ciencia no es ajena a ese interés. Asumiendo que todo sentimiento tiene un correlato físico (el corazón no se acelera si un mensajero químico no “le dice” que lo haga), numerosos científicos han dirigido últimamente sus investigaciones para definir qué es lo que acontece en el cerebro cuando alguien se enamora. En un intento de ganar terreno a las leyendas, estas son cinco cosas, más o menos insólitas, que el amor hace con su mente.

1. Crea adicción

De entre las áreas cerebrales estimuladas por el amor, unas destacan sobremanera: son las que conforman el circuito de recompensa.

Entre ellas, se impone el llamado núcleo accumbens, una pequeña zona situada unos centímetros detrás de sus ojos, muy sensible a la dopamina —neurotransmisor que aumenta con el enamoramiento— y al que se conoce, popularmente, como el centro del placer. 

Es el que se activa especialmente cuando recibimos un premio, cuando tenemos sed y bebemos agua, o cuando consumimos prácticamente cualquier tipo de droga.

De hecho, el circuito de recompensa es también el circuito de la adicción, de ahí el carácter adictivo de las primeras fases del amor. “El aumento de dopamina es muy grande al principio de las relaciones”, comenta Larry Young, investigador de la neurociencia del comportamiento en la Universidad de Emory, en Atlanta. 

“De hecho, hemos visto que los ratones que pierden a su compañero se deprimen de una forma muy parecida a como lo hace un adicto al que se le retira la cocaína o la heroína”, añade. Pero no sólo eso: el aumento de dopamina corre en paralelo a la disminución central de otro neurotransmisor, la serotonina, y esta merma sucede también en los trastornos obsesivos, de cuyos rasgos principales el amor no está demasiado lejos.

2. Nos remite a la familia, queramos o no

La oxitocina y la vasopresina son dos pequeñas hormonas cuya máxima producción tiene lugar en momentos aparentemente lejanos al enamoramiento: en el parto y durante la lactancia (a medida que el bebé succiona del pezón). Entre sus muchas funciones están la de fortalecer el vínculo entre la madre y el hijo. Y de ello se aprovecha también el amor (romántico).

En el enamoramiento parece aumentar la producción de oxitocina y vasopresina, contribuyendo así a robustecer el nexo. Esto tiene sentido desde un punto de vista evolutivo: se gasta un tiempo y una energía considerables en encontrar a una pareja idónea.

Una vez conseguida, el lazo debe reforzarse para tratar de garantizar que ambos cuidarán de la posible descendencia. Así es al menos como la Naturaleza tiende a “pensar”.

3. Nubla el juicio y la razón

Para identificar las zonas del cerebro que se activan en el enamoramiento, los científicos suelen usar lo que se conoce como ‘resonancia magnética funcional’. Esta técnica capta la mayor o menor llegada de oxígeno a cada área, un sinónimo de la demanda que la actividad crea.

Aunque es un procedimiento un tanto problemático (procure no sacar mensajes de un solo estudio), varios trabajos han llegado a conclusiones parecidas. Así fue como se vio que, durante el enamoramiento, el circuito de recompensa trabaja con especial fervor, y que lo la corteza prefrontal parece “apagarse”.

Esta última es el área del cerebro más propiamente humana, la responsable fundamental de nuestra capacidad de razonar y emitir juicios elaborados. Las consecuencias son evidentes: el amor nubla, al menos sobre la persona amada, la capacidad crítica. Eso explicaría la creencia de que “el amor es ciego”, o incluso la sentencia de Ortega y Gasset, que lo definió como “un estado de imbecilidad transitorio”.

Pero obedece a una razón: aumenta las posibilidades de unión. O, resumido con antelación por Nietzsche, “siempre hay algo de locura en el amor, pero siempre hay algo de razón en la locura”.

4. Produce estrés y da valor

El amor produce una ola de estrés a lo largo del tiempo. En un principio se trata de una activación del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, lo que viene a querer decir, entre otras cosas, que el cerebro manda señales para que se produzca más adrenalina.

Una interpretación que se hace es que ese grado de estrés permite superar el miedo inicial, lo que se conoce como neofobia. Con los meses, sin embargo, el mecanismo disminuye, dando lugar a una sensación de tranquilidad (el resto de hormonas y circuitos implicados también se modulan con el tiempo).

Lo curioso es que este fenómeno es uno de los pocos en los que los acontecimientos cerebrales entre amor romántico y maternal no se solapan. Porque en el cerebro de una madre (posiblemente también en el padre, pero los estudios se han hecho especialmente en el primer caso, donde los cambios hormonales son más acusados) también tiene lugar una activación del área de recompensa y una subida de dopamina; igualmente, hay un aumento claro de oxitocina y vasopresina; e incluso también se produce una inhibición de la corteza prefrontal (la madre “suspende el juicio” cuando de su hijo se trata).

De hecho, tal correspondencia entre ambos tipos de amor ha llevado a pensar que el amor romántico ha evolucionado de un sistema más antiguo: el del amor de una madre por su hijo. Sin embargo, en este caso, no tiene lugar una reacción del hipotálamo, como la que se produce en las parejas.

5. Te hace monógamo (o no)

La Ciencia no ha sido capaz de determinar aún si por naturaleza somos monógamos, polígamos o monógamos secuenciales, pero sí se saben algunas de las cosas que influyen en esta realidad. Al menos en ratones.

Los roedores de campo son monógamos convencidos, profundamente fieles a su pareja. Los de monte, por el contrario, son promiscuos consumados. ¿La explicación?

Los primeros tienen muchos más receptores de oxitocina y vasopresina en las áreas de recompensa. De hecho, cuando en el laboratorio se bloquean estas hormonas, los ratones de campo que carecen de ellas se comportan como si fueran ratones de monte, sin ningún tipo de memoria ni predilección especial por ninguna de sus parejas.

Los humanos no somos ratones. Es evidente que nuestra fidelidad depende de mucho más factores que en estos animales. Pero tampoco parecemos inmunes. Algunas variantes de los receptores de vasopresina, por ejemplo, se han asociado con una mayor o menor promiscuidad.

Ni mucho menos la determinan, pero es un factor que puede llegar a terciar. Como comenta Larry Young, algunas investigaciones han observado que cuando se les daba oxitocina intranasal a hombres que estaban en una relación, encontraban más atractivas a sus parejas que si se les daba placebo.

“Pero únicamente sucedía con sus pares: la oxitocina no aumentaba su valoración de otras mujeres de atractivo similar, ni activaba sus áreas de recompensa como ocurría cuando veían a sus compañeras”, aclara.

En resumen, quizás piense que la Ciencia todavía no sabe mucho del amor. Puede ser. Quizá esté usted convencido de que la razón no puede comprender a la pasión en toda su complejidad; muchos científicos también lo creen. El propio Larry Young, sin ir más lejos, opina: “La Ciencia será capaz de decirnos muchas cosas sobre la química y los mecanismos cerebrales implicados en el amor, pero no nos hará entender su magia. Eso sólo se puede entender estando enamorado”.

Y añade: “Es posible que su esencia se entienda mejor desde la poesía, la música o el arte, pero la Ciencia puede contribuir a comprender parte de su misterio”. Porque lo que resulta obvio es que todo sentimiento tiene su correlato físico, y que, en buena medida, éste puede estudiarse. Hasta dónde alcanzará su explicación, eso nadie lo sabe.

Fuente

[*Drog}– Otra voz que denuncia el drogamor

12-02-15

Carlos M. Padrón

Cada vez son más las voces autorizadas, como la referida en el artículo que copio abajo, que aseguran que el enamoramiento —al que llamo drogamor— desactiva el razonamiento, crea adicción y obsesión, y es una droga con efectos muy difíciles de evitar, algo que he dicho en varios artículos de esta sección.

Pero tal parece que quienes deberían preocuparse por controlar la expansión de esta droga, no lo hacen, tal vez porque es romántica.

Por otra parte, el llegar al amor y al “Amor compañero” lo presuponen como parte de una evolución natural, pero, lamentablemente, no lo es, pues el drogamor no siempre lleva ahí, y cuando lo hace no es casi nunca para bien.

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11/02/2015

Carlota Fominaya

Por qué nos enamoramos de una persona, y no de otra

Cómo influyen la bioquímica del amor y de nuestra psicología a la hora de elegir pareja. Rubios o morenos, altas o bajas. ¿Por qué nos gustan unas personas, y no otras?

Varios factores influyen a la hora de elegir pareja, explica la psicóloga Ciara Molina. «Lo que hace que nos enamoremos de una persona y no de otra se debe principalmente a dos factores. Por un lado lo que se conoce con el nombre de la bioquímica del amor, y por otro lo derivado del sistema de creencias (pensamiento), necesidades, gustos y experiencias personales que se complementen o asemejen con los nuestros. Es decir, comporta tanto un componente físico como psicológico», aclara.

Pero, ¿qué es exactamente la bioquímica del amor? Según Molina, «se trata de todo un conjunto de reacciones emocionales que circulan por nuestro cerebro a través de toda una serie de descargas neuronales (biología) y de una concatenación hormonal (química). La interrelación entre ambos aspectos produce la sensación placentera que conocemos como el amor».

Pero la bioquímica no es la misma en todo el proceso amoroso, y, según esta psicóloga, va cambiando a medida que la relación avanza, pudiendo identificar hasta cuatro fases:

1. Enamoramiento.

Es la fase más pasional del proceso, de un año o año y medio de duración, donde lo que predomina es el deseo sexual gracias a la producción y liberación constante de hormonas, como la oxitocina o la vasopresina, que contribuyen a la pasión.

Dicha pasión inicial se caracteriza también por inhibir la serotonina (estabilizadora del humor y la ira, entre otras cosas) y desactivar ciertas regiones de la corteza frontal que se encuentran implicadas en los procesos lógicos o de razonamiento, de ahí que tengamos la sensación de que vivimos el amor de una forma mucho más alocada e instintiva en estos primeros momentos.

Por otro lado, existen sustancias químicas que captamos a través del olfato, las llamadas feromonas, que son producidas de manera natural para comunicar, entre otras cosas, el estado anímico y de salud, o la disponibilidad o compatibilidad sexual.

2. Amor Romántico.

Desde el punto de vista de la bioquímica del amor, es una fase donde la mayor concentración de funciones se encuentra en la zona del cerebro conocida con el nombre de área tegmental ventral de Tsai (ATV) que no es más que un grupo de neuronas implicadas en el sistema de recompensa natural del cerebro, el mismo que actúa en numerosas adicciones, de ahí que sintamos en esta etapa como cierta obsesión por la persona amada.

Dicha área es importante en la cognición, la motivación, el orgasmo y muchas de las emociones intensas que experimentamos en el amor, entre otras cosas. Esta parte del cerebro se encuentra en el llamado cerebro reptiliano (primitivo), que es el que tiene que ver con la supervivencia: comer, beber, mantener relaciones sexuales y sentir la necesidad de protección. Por lo que convierte al amor romántico como una necesidad casi imposible de evitar.

La principal actividad se encuentra en una serie de células que sintetizan la dopamina, sustancia relacionada con los cambios de humor, la euforia y la motivación por conseguir un objeto concreto, en este caso mantener la relación con la persona amada. 

¿Por qué decimos que, en cierto modo, convertimos a la otra persona en una obsesión? Porque la combinación de norepinefrina y dopamina hacen que enfoquemos la atención sobre esa persona en concreto, y eso, ayudado por los bajos niveles de serotonina, hace que el pensamiento se vuelva repetitivo, obsesivo en parte.

3. Amor Comprometido.

En esta etapa del amor, empiezan a destacar aspectos más psicológicos del proceso, como la negociación de roles dentro de la pareja, la solución de los primeros conflictos, el aumento del compromiso de lealtad y la exclusividad como pareja.

¿Quiere decir esto que no existe pasión sexual? Sí existe, pero deja de ser lo primordial, dejando paso a unas emociones mucho más relajadas, de satisfacción y bienestar, gracias a la segregación de endorfinas y encefalinas. Producen una gran sensación de felicidad lo que hace que la adicción al amor se mantenga.

4. Amor Compañero.

Y, por último, está el amor compañero, que no se da en todas las parejas, donde la pasión romántica y erótica se ve reducida normalmente por la falta de incentivos, y la monotonía entra en la unión. Al no tener tantas relaciones sexuales los niveles de oxitocina bajan, dando lugar a un amor más sereno, de asentamiento de la pareja, de compañerismo.

A modo resumen, «podemos decir que el enamoramiento implica el deseo que se tiene sobre la imagen de la persona por la que te sientes atraído/a. Es común que en esta fase no racionalicemos lo que hacemos, nos dejamos llevar y queremos agradar por encima de todo. Cuando llega el amor, sin embargo, desaparece la idealización para dejar paso a descubrir lo que nos gusta y nos llena de la persona con la que compartimos la vida. Podríamos decir que entramos en una etapa de amor profundo y comprometido, en el que ambos miembros de la pareja se complementan, respetan y cuidan mutuamente».

Sistema de creencias

Pero el amor no es sólo bioquímica, «ya que, aunque nuestros sentimientos dependen, como acabamos de ver, de la actividad cerebral y la acción química de neurotransmisores y hormonas, existen otros condicionantes que favorecen el enamoramiento de una u otra persona».

«Somos seres sociales y, como tales, nos relacionamos a todos los niveles, también cuando nos enamoramos. El amor es una emoción que se expresa a través de un sentimiento, y se canaliza a través de una acción que guarda coherencia con nuestro pensamiento (sistema de creencias). Por lo que tendemos a fijarnos en personas que guarden relación con nuestra manera de ver la vida o nuestros gustos, aquello que nos haga sentir plenos. Una cosa es la reacción instintiva (química) sobre la que no tenemos control, y otra la parte más reflexiva y analítica que identifica si la persona por la que sentimos atracción nos complementa».

Fuente

[*Drog}– Drogamor y edad

El drogamor es como el sarampión: cuanto más tarde, mucho más peligroso.

[*Drog}– Ejemplo de humillante estupidez masculina

26-08-14

Carlos M. Padrón

Según la prensa inglesa,

 «Un helicóptero policial que buscaba un coche robado en Londres fue testigo la noche del sábado 23 de una original propuesta de matrimonio hecha en Gladstone Park (Dollis Hill). Los agentes vieron a un hombre arrodillado frente a una mujer, y al lado un gran mensaje que decía ‘¿Quieres casarte conmigo?’. Los agentes creen que las velas habían sido encendidas para que la luz destacara contra el cielo nocturno esta petición de matrimonio».

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Jamás entenderé cómo un hombre, en sus cabales, pueda llegar a estos humillantes y ridículos extremos. Y no me refiero sólo al letrero hecho con velas, sino a arrodillarse frente a una mujer para pedirle matrimonio como si con eso ella le hiciera un gran favor, o él necesitara de una gerente que dirigiera su vida, cosa que, lamentablemente, ocurre en demasiados casos.

Tal vez la explicación, en bromenserio, sea ésta en la que el corazón, roto por el fracaso al que lo llevó el drogamor, dialoga con el cerebro al que el drogamor logró anular.

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Para colmo, estas humillantes peticiones de matrimonio parecen ser comunes en otros países , como USA, donde en el matrimonio la mujer es la dueña y señora de, por ejemplo, la casa donde ambos vivan, y por eso, en caso de pleito, ella puede permitirse el lujo de decirle a su marido “¡Fuera de MI casa!”.