Archivo de la categoría: Mis (pocas) canciones, y otras

Archivos de mis pocas canciones, y descripción de cómo escogí ciertas melodías, por qué les puse las letras con que aquí aparecen, y detalles de su grabación en forma de canciones..

[*MisCan}– Alicia, mi hija mayor, canta ahora segura y bien

30-01-15

Carlos M. Padrón

Sí, se trata de Alicia, la ilustradora de libros infantiles.

Elena, mi hija menor, la psicóloga, ha llegado hasta a grabar discos, actuar en público, etc., pero Alicia siempre dijo que no podía cantar bien, y que cuando lo intentaba le daba pena —como tal vez podría notarse AQUÍ—. Sin embargo, en esta grabación, basada en karaoke, parece que se olvidó de eso.

Para escuchar/bajar el archivo, clicar AQUÍ.

Artículo(s) relacionado(s):

[*MisCan}– Y Alicia, mi otra hija, se metió también a cantar

Como su padre y su hermana. ¡Ya era hora! :-)

A dúo con Key of Zen, o como se llame el que presta su voz.

Para escuchar/bajar la canción, clicar AQUÍ y luego en Dowload.

[*MisCan}– Una canción más: “You needed me”

01-08-12

Carlos M. Padrón

Esta canción, de Anne Murray, la escuché por primera vez en 1978, cuando vivíamos en New York, y me fascinó.

Cuando en la década de los ’80s comencé a grabar las canciones que ya he publicado en esta sección, nunca pude encontrar para ella, como sí encontré para esas otras, un instrumental que reuniera las condiciones que yo necesita para poder grabarla con la misma letra original, como hicimos con Something stupid.

Fue en septiembre de 1996 cuando, en un viaje a New York, descubrí una tienda que se especializaba en pistas —sólo instrumentales— de canciones famosas o populares; pistas como para ser usadas en karaokes y que la gente cantara sobre ellas. Y ahí encontré la de “You needed me”, aunque no muy adecuada para mi tono.

De vuelta a casa, en Caracas —y a pesar de que mi voz estaba ya tan dañada que en enero de 1997 me operaron de la sinusitis crónica responsable de ese daño, que ha resultado irreversible— el 07 de noviembre de 1996 grabé esa canción, y no la he publicado porque, por el motivo ya mencionado, no me gustó como quedó, pues tiene gallos, fallas en volumen de voz y, en consecuencia, palabras que no se entienden o resultan mal pronunciadas, etc.

Sin embargo, en marzo de 1997 mi hija Elena vino a Caracas y, como también es cantante además de psicóloga, insistió en que, usando esa misma pista, hiciéramos varias grabaciones. Así que, siempre en casa pero en un lugar menos apropiado que el que en los ’80s usé para estos menesteres, y que ya había yo desmantelado, grabamos dos versiones más.

Por enésima vez, y durante la visita que el pasado junio le hice en San Francisco, Elena me pidió que publicara estas canciones, así que aquí van los correspondientes enlaces para bajarlas.

  • Sólo yo. Noviembre/1996
  • Alicia y Elena, mis dos hijas. Marzo/1997
  • Elena y yo, en un arreglo un tanto raro, para ver de mitigar los problemas de mi voz. Marzo/1997

Más adelante publicaré —acogiéndome al y otras del título de esta sección, “Mis (pocas) canciones, y otras”— algunas canciones de Elena.

Aquí va la letra de “You needed me” (Tú me necesitabas); la original en inglés, y una traducción al español como cantada por una mujer.

You needed me”,
by Anne Murray

I cried a tear,
you wiped it dry.
I was confused,
you cleared my mind.

I sold my soul,
you bought it back for me
and helped me up,
and gave me dignity.
Somehow you needed me.

You gave me strength
to stand alone again,
to face the world
out of my own again.

You put me high
upon a pedestal,
so high that I could almost
see eternity.
You needed me.

And I can’t believe it’s you,
I can’t believe it’s true:
I needed you
and you were there.

And I’ll never leave,
why should I leave?,
I’d be a fool
‘cause I finally found someone
who really cares.

You held my hand
when it was cold.
When I was lost
you took me home.

You gave me hope
when I was at the end
and turned my lies
back into truth again.
You even called me friend.

You gave me strength
to stand alone again,
to face the world
out of my own again.

You put me high
upon a pedestal,
so high that I could almost
see eternity.
You needed me,
you needed me.
You needed me,
you needed me.

~~~

Solté una lágrima
y tú la enjugaste.
Estaba confusa
y aclaraste mi mente.

Vendí mi alma
y la compraste de nuevo para mí.
Me levantaste y me diste dignidad .
De alguna manera, tú me necesitabas.

Me diste fuerzas
para seguir por mí misma,
para encarar el mundo
otra vez por mi cuenta.

Me pusiste muy alto en un pedestal,
tan alto que casi podía ver la eternidad.
Tú me necesitabas.
Tú me necesitabas.

No puedo creer que seas tú,
no puedo creer que sea verdad:
Yo te necesitaba,
y allí estabas tú.

Y nunca me iré, ¿por qué habría de irme?
Sería una tonta
porque al fin he encontrado a alguien
a quien realmente le importo.

Sostuviste mi mano
cuando estaba fría.
Cuando yo estaba perdida
me llevaste a casa.

Me diste esperanza
cuando yo estaba al límite.
Convertiste mis mentiras
otra vez en verdades,
e incluso me llamaste amiga.

Me diste fuerzas
para seguir por mí misma,
para encarar el mundo
otra vez por mi cuenta.

Me pusiste muy alto en un pedestal,
tan alto que casi podía ver la eternidad.
Tú me necesitabas,
tú me necesitabas.
Tú me necesitabas,
tú me necesitabas.

[*MisCan}– Un “éxito” inesperado

Carlos M. Padrón

El pasado viernes en la noche, buscando información en mi cuenta de 4Shared me encontré con la grata sorpresa de que la canción Something Stupid, cantada a dúo por mi sobrina Ada Padrón y por mí, había sido bajada 2.304 veces desde el 10-05-07 hasta esa noche.

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En realidad ha sido bajada más veces, pues por bastante tiempo estuvo alojada en otro host, y antes de pasarla yo a 4Shared no tomé nota de cuántas bajadas registraba el contador de ese host.

Como para la noche del pasado viernes el post del 31-05-07 al que vinculé esa canción había recibido sólo 175 visitas, significa que la URL de nuestra versión de Something stupid es la que ha circulado entre internautas, bien porque unos se la ha enviado a otros, o bien porque gugleando por el título la han encontrado en la Red, pues aparece AQUÍ sin necesidad de entrar en Padronel.

[*MisCan}– ‘Tiempos de ayer’

Carlos M. Padrón

Los medios de escapismo en que por años me refugié para mitigar los efectos de tiempos de crisis fueron el trabajo, la fotografía, la cría de patos y la música.

Para esta última tuve un salón debidamente equipado en el que me encerraba a seleccionar, grabar, y escuchar luego lo grabado. Así armé una colección de varias decenas de casetes que tienen para mí la ventaja de que me gusta todo lo que contienen.

Después de escuchar una y otra vez algunos de los casetes de música instrumental así grabados, a veces comenzaba a destacar de entre todas alguna melodía evocadora de un sentimiento que con el tiempo iba tomando más y más cuerpo cada vez que —siempre encerrado en mi salón, solo o con alguna de mis hijas—, escuchaba yo de nuevo esa melodía.

Una en particular me hizo recordar a mi padre, otra a mi pueblo como lugar geográfico, otra a mi pueblo como conjunto de costumbres y nostalgias, etc., Y como esos instrumentales estaban ejecutados en un tono al que, jugando con las octavas, podía yo llegar cantando, un día decidí escribir letras alusivas a los sentimientos que esas melodías evocaban en mí y, poco a poco, fui grabando todas esas letras en forma de canción interpretada por mí, usando como fondo el instrumental con la correspondiente melodía evocadora, y lidiando, también yo solo en el salón de música, con los controles del tocadiscos, deck de casetes, ecualización, volumen, audífonos, letra, etc., mientras trataba de cantar lo mejor que podía para lograr algo más o menos aceptable dentro de mis posibilidades.

Al enésimo intento obtenía un resultado menos malo que los anteriores, y con ése me quedaba.

Ahora que vinculadas a artículos previos he publicado ya, además de la descripción que precede, algunas de estas canciones, he decidido agruparlas en esta sección, Mis (pocas) canciones, y otras, por, en lo posible, orden cronológico de grabación.

Hoy le toca el turno a “Tiempos de ayer”.

***oOo***

La lejanía de mi pueblo —hace 52 años que dejé de residir en él— exacerba la nostalgia que siento por aquella época de mi adolescencia cuando me abrí al romanticismo, y llevado por las ilusiones de juventud veía ante mí un sinfín de caminos de entre los que creía que podía tomar casi el que yo quisiera, y soñaba con una vida llena de promesas, amor y oportunidades.

Algunas ya pasaron, otras culminaron en fracaso, otras nunca se presentaron, y así el sinfín de caminos se redujo a muy pocos, y aumentó la nostalgia.

Las faenas de campo en un pueblo eminentemente agropecuario se aderezaban con la compañía de familiares, amigos y vecinos que se ayudaban mutuamente en esas tareas (acarreas, trillas, pisadas de uvas, matazones de cochino, recogidas y partida de almendras, etc.) y los caminos, entonces empedrados cuando no eran de sólo tierra, se llenaban con animales de carga, con ganado vacuno o cabrío, y con el rumor de las conversaciones entre quienes con ellos iban y venían a/de los campos en flor.

Almendros-S

O las cosechas caseras, a veces tan frondosas que ameritaban una foto, como la de esta col, cultivada por mi padre, que alcanzó los 4,83 metros de altura.ColDe izq. a derecha: Carlos Padrón, María Celia Padrón (mi hermana mayor), Victoria Pérez (mi madre), Tomás Padrón (mi padre), y Juan Sosa, tío-abuelo, hermano de mi abuela paterna.

Los muchachos anhelábamos que llegara el día domingo para ir temprano a la Plaza Nueva, y antes de la misa mayor caminar en grupos alrededor de la iglesia en sentido contrario al de las muchachas que nos gustaban, para así cruzarnos dos veces con ellas en cada vuelta, e intercambiar sonrisas y sugerentes miradas furtivas.

En uno de esos paseos, un domingo de 1953, fue tomada esta foto.

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De izq. a derecha: Carlos Padrón, Fernando Pino, Florencio Martín, Tomás Simón (Masico), Manolo Pino, y Santiago Herrera.

Faltan ya cuatro de los seis amigos que aparecemos en ella.

El primero en dejarnos fue Santiago, que murió en El Paso, creo que de cáncer de pulmón, uno o dos años después de tomada esta foto. Luego fue Manolo, que murió en Santa Cruz de Tenerife (Canarias). Luego Masico, en 1996 en el hospital Los Magallanes (Catia, Caracas). Y, por último, Fernando que murió en Higuerote (Venezuela) en 1998,

Han pasado 56 años desde esta foto, pero los recuerdos a ella asociados permanecen vivos en mí.

***

La romería de la Fiesta de El Pino era de casi obligada asistencia.

clip_image006En la Fiesta de El Pino, primer domingo de septiembre de 1952, con mis padres y hermanas.

Desde muy joven me gustó cantar y formé parte de la coral del pueblo, dirigida unas veces por doña Luisa Pozuelo y otras por don Pedro Lorenzo.

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Foto tomada el 08/12/1954.- De Izq. a derecha: Juan Antonio Pino, Antonio Capote, ¿?, Miguel Díaz, Pedro Lorenzo, Carlos Padrón, ¿?, ¿?, Javier Simón, y Teudis ¿?.

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Misma fecha de la foto anterior y mismos varones excepto por don Salvador Miralles, al fondo a la izq., párroco del pueblo. Las damas, de atrás hacia adelante y de izq. a derecha: Teresa Calero, Carmen María Capote, Marisol ¿?, Celina Pino, ¿?, ¿?, Gloria Isabel Rodríguez, Pepita Taño, Rosa Castro, y Teresa García.

clip_image012Fiesta de El Pino, primer domingo de septiembre de 1955. Mi prima Celina Pérez Padrón (delante, a la izq.) y yo (al fondo, izq.) acompañamos a los hermanos Silva Padrón, nuestros primos de San Pedro (Breña Alta), cuatro hermanas y un varón, Paco, que está a mi izquierda.

Las bodas eran también lugares de reunión a las que se asistí con traje formal y ánimo jovial. La foto que sigue fue tomada el 25/06/1956, durante una boda celebrada en la terraza de Monterrey.

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De izq. a derecha: Juan Enrique Brito, Carlos Padrón, Javier Simón, Isnardo Molina, Miguel Afonso, Florencio Martín, y Gilberto Santana.

Y en fechas señaladas eran frecuentes las representaciones teatrales en las que participábamos los más de los que estamos en esta foto tomada el 10/12/1956.

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De atrás hacia adelante y de izq. a derecha: Imelda Martín, Rosa María Rodríguez, Amalia Pages, Carmen Rosa Brito, Celita ¿?, Rosa Castro, Teresita Martín, Juan Antonio Capote, Celina Pino, Susana Miralles, Lourdes Capote, Carlos Padrón, Miguel Díaz, Juana Brito, y Mari Cristo Lorenzo.

clip_image018Foto tomada en la Fiesta de El Pino del 01/09/1957, la última que gocé antes de dejar el nido, o sea, antes de irme de mi casa a vivir por mis propios medios. De izq. a derecha: Mario Rigoberto Rodríguez, Carlos Padrón, Eleuterio Sicilia, y Antonio Capote Pozuelo.

La que sigue fue tomada en la Cruz Grande (El Paso), frente a la entonces casa de Pepe “el Sirio”, en agosto de 1958 cuando, viviendo yo en Santa Cruz de Tenerife, pude disfrutar de mis primeras vacaciones de trabajo y fui a mi pueblo.19580800 = CMP Niños Cruz Grande. Recuadrada)

 

 

Creo que, salvo Maximiliano y Antoñico —los dos caballeros sentados al fondo—, las demás personas que aparecemos en esta foto vivimos aún, aunque yo sólo conozca a dos o tres de los niños que en ella me acompañan.

Uno de ellos —el que está con el balón y hoy doctor en Medicina— consiguió en este blog mi dirección, me contactó por e-mail hace varios meses y me envió esta misma foto que, aunque tal vez él no lo recuerde, llegó a sus manos porque fue tomada con mi cámara y, de vuelta yo en Santa Cruz de Tenerife, hice varias copias que mandé a mis hermanas en El Paso para que las dieran a los muchachos que vivían más cerca de nosotros.

Llevado por todos estos recuerdos y los muchísimos más que no tienen fotos que los ilustren, hace ya un cuarto de siglo grabé “Tiempos de ayer”. El tiempo transcurrido desde entonces ha redoblado la intensidad de los sentimientos que en 1984 me inspiraron la letra de esta canción.

Ficha técnica,

  • Título de la melodía instrumental: “Vino griego”, en arreglo de Anthony Ventura.
  • Grabada en mi casa, en Caracas, entre el 23 y el 27/04/1984.

Para escuchar/bajar la canción, clicar AQUÍ.

***

P.D.: Los signos de interrogación los uso para significar que no recuerdo el nombre o apellido oficial de la persona a que corresponden. Si alguien me refresca la memoria, con gusto reemplazaré los “¿?” por los nombres o apellidos correspondientes.

[*MisCan}– “ELLA”

Carlos M. Padrón

Desde comienzos de 1985 estaba yo totalmente dedicado en IBM al proyecto de interconexión de cajeros automáticos (ATMs) entre diferentes bancos de Venezuela. De ese proyecto —que considero la opera prima de mi vida profesional, que bauticé CTP (Computación por TeleProceso), y que llegó a feliz término gracias al apoyo incondicional de Alejandro Rivero, Presidente y Gerente General de IBM de Venezuela—, nació la Corporación SUICHE 7B, C.A., que hoy cumple 20 años de vida y de ininterrumpida actividad.

La búsqueda de los programas (software) necesarios para lograr la mencionada interconexión me llevó a visitar varios países y ciudades, una de ellas Nashville (Tennessee, USA) a la que llegué en la mañana del 22-08-1985, y luego de trabajar allí el resto de ese día y la mañana del siguiente, al mediodía del 23-08-1985 me fui al aeropuerto a tomar el vuelo que me llevaría a New York para continuar la búsqueda.

Sentado en la sala de espera del aeropuerto de Nashville me puse a trabajar en la letra de esta canción, que había iniciado días antes, y cuando creí haber culminado una parte, miré mi reloj y me extrañó que ya habían pasado unos 20 minutos de la hora pautada para abordar el vuelo, y que en la sala de espera estaba yo solo.

Me dirigí al mostrador de la línea aérea, y al preguntarle a la dama que allí estaba qué había pasado con mi vuelo, recibí por respuesta una gélida mirada acompañada de la pregunta “¿Es usted el Sr. Padrón?”. Al responderle que sí, la malencarada dama me hizo saber que se había cansado de llamarme por el sistema de sonido del aeropuerto, y, como no me presenté, el vuelo había partido sin mí hacía ya media hora. Hasta ese extremo estaba yo absorto en mi tarea.

Tuve que esperar dos horas más hasta el próximo vuelo a New York,… pero en esas dos horas terminé la letra de la canción. No es, por tanto, casualidad que la publique hoy, cuando estamos celebrando el 20 aniversario de SUICHE 7B.

Luego de grabada y distribuida la canción entre familiares y amigos, tuve problemas con dos de las mujeres que, con años de por medio, la escucharon. Con la una, porque se empecinó en creer que yo había hecho “ELLA” en honor a una novia secreta que tuve en El Paso; con la otra, porque quiso creer que ella era la ELLA de “ELLA”.

***

“ELLA”

Corrían los primeros años de la década de los ‘50. ELLA, aunque de 13 años, era aún una niña, pero poco antes de cumplir los 14 ocurrió el milagro y un día su cuerpo comenzó a desarrollar notables y crecientes cambios, y ELLA comenzó a experimentar extrañas y hasta entonces desconocidas sensaciones.

Poco antes del próximo mes de junio, su madre, queriendo halagar la ya manifiesta vanidad de su hija, le hizo un vestido nuevo —uno que, ¡por fin, ya no era de niña— para que lo estrenara en la fiesta del Sagrado Corazón.

El domingo de la fiesta, antes de la solemne función religiosa, grupos de muchachas paseaban cogidas del brazo, según la costumbre, dando vueltas en La Plaza Nueva, en torno a la iglesia, y grupos de jóvenes las daban en sentido contrario con el deliberado propósito de cruzarse con las muchachas dos veces durante cada vuelta.

Él, que ya tenía 18 años, paseaba con sus amigos —muchachos más o menos de su edad que, al igual que él, trabajaban en los campos de sus familias— cuando al acercarse al grupo en que venía ELLA no pudo evitar reparar en aquella atractiva muchacha y dedicarle una sugerente mirada de grata sorpresa, pues la última vez que, según él recordaba, la había visto, ELLA era una niña que en nada llamó su atención. Pero ahora no sólo la llamó sino que lo dejó prendado, por lo que las miradas que le dedicó fueron más largas, directas y sugerentes en cada cruce.

ELLA, que las había notado todas, se limitaba a sonrojarse, bajar la mirada, y a soportar las bromas que al respecto le gastaban sus amigas, hasta que, molesta por las burlas y llevada por el hecho cierto de que le había gustado ese muchacho desde que lo vio tiempo atrás pero, siendo todavía una niña, había ocultado por completo esa atracción, se dijo que ya no era niña y se preparó anímicamente para aceptar el desafío de sus amigas y, en el próximo cruce, devolver la mirada del muchacho.

Y así lo hizo: aunque sonrojándose, le sostuvo la mirada durante bastante tiempo antes del cruce, y hasta le regaló una tímida sonrisa que aumentó el rubor de ELLA pero que a él le supo a gloria.

Terminada la función religiosa, todos se fueron a Monterrey, y en la terraza continuaron los paseos y las vueltas,… y las bromas que le hacían sus amigas que, para ponerla nerviosa y exponerla a lo que, según ellas, no quería ELLA que ocurriera, la colocaron en el extremo interno de la fila que entre todas formaban al pasear en círculos cogidas del brazo.

Sabiendo ya que ELLA tenía valor para hacer frente a esas burlas y desafíos, él se armó también de valor y en uno de los cruces se separó de sus amigos, se puso al lado de ELLA, la saludó y siguió a su lado.

Las mal contenidas risitas de las amigas lograron que ELLA, sabiendo que las había hecho quedar mal, contestara, aunque tímidamente y mirando siempre al suelo, las preguntas que él le hacía, y así dio comienzo un romance muy esperado por ELLA pero inesperado para él.

Ambos, aunque de barrios diferentes y alejados del centro del pueblo, eran de la misma extracción social, se habían criado en las mismas costumbres y compartían educación y principios. Pero ambos sabían, como sabía todo el pueblo, que era sólo cuestión de tiempo el que él emigrara a Venezuela porque, al igual que todos los demás jóvenes que ya lo habían hecho y los muchos que lo harían después, en el pueblo no había futuro para ellos.

Sí, ELLA lo sabía, pero también sabía que muchas otras mujeres, unas solteras aunque no tan jóvenes como ELLA, y otras ya casadas y a veces con hijos, habían visto emigrar a sus novios o esposos, habían quedado esperándolos, y, en los más de los casos, ellos o habían regresado al pueblo o las habían llevado a Venezuela, a veces después de un matrimonio por poder.

En los bailes de Monterrey fue creciendo el romance, y buscando los pocos rincones alejados de la mirada de águila de las madres que apostadas en los palcos no perdían pie ni pisada de cuanto ocurría abajo, en la pista de baile, se hacían caricias furtivas que con el tiempo fueron cobrando pasión e intensidad.

Y al cabo de poco más de un año, él emigró a Venezuela no sin que antes se juraran amor eterno. Él le dijo que trabajaría muy duro hasta conseguir el dinero necesario para regresar, casarse con ELLA y mantener una familia; y ELLA le dijo que lo esperaría “guardándole la ausencia”, según era la costumbre de las mujeres, fueran novias o esposas, de los emigrantes.

Y cuando él se hubo ido, ELLA se enclaustró en su casa sin hacer vida social alguna; como mucho, ir al correo los días en que se esperaba que llegara el de Venezuela, atender el velorio de algún familiar o conocido, e ir a misa y, terminada ésta, regresar a su casa. Nada de celebraciones, como bautizos o bodas, ni paseos alrededor de La Plaza Nueva ni en Monterrey. La suya era casi una vida monacal.

Al principio recibía cartas suyas por lo menos una vez al mes, aunque ELLA religiosamente acudía cada semana a la ceremonia de reparto de la correspondencia. Para cuando llegaba la guagua que, a veces sí y a veces no, traía el saco de la correspondencia, ya ELLA estaba en la calle, frente a la oficina postal, formando parte de la pequeña multitud que cada semana se reunía allí en la esperanza de recibir una misiva de hijos, novio o marido.

Cuando le era entregado el saco con la correspondencia, el cartero se encerraba en su oficina. Después de unos 20 minutos, que a los reunidos afuera les parecían eternos, salía con un mazo de sobres en sus manos y, como era de baja estatura, para que todos pudieran verlo se subía en un pequeño banco y comenzaba a vocear el nombre de la persona destinataria de cada sobre. Si esa persona estaba entre la concurrencia, gritaba “¡Aquí!” y alzaba un brazo, y el cartero lanzaba el sobre en dirección a ella,… y continuaba leyendo y lanzando hasta terminar de leerlos todos.

Las que habían recibido carta se iban felices, pero no así las que no. Y ELLA pasó a engrosar este segundo grupo cuando había transcurrido poco más de un año de que él había emigrado. Y entonces comenzó lo que sería su eterno calvario.

Cuando llegaba al pueblo algún “indiano” de los muchos que habían emigrado a Venezuela, y era de los que, según ELLA sabía o suponía, conocían algo de la vida de él en ese país, se las ingeniaba para preguntarle al respecto, y así fue como supo que él mantenía una relación con una mujer venezolana. Sin embargo, alentada por la educación y costumbres que compartía con él, se decía que esa relación no era problema hasta que un cura no la bendijera, y que eso no ocurriría porque él le había prometido que se casaría con ELLA.

Pasaron los meses, pasaron los años, y él no regresó ni le escribió más, pero, a pesar del evidente abandono, el último pensamiento de ELLA antes de conciliar el sueño cada noche era para él, y lo acompañaba del renovado propósito de continuar esperándolo y soñando que un día él volvería.

Esta narración es ficción, hecha con el solo propósito de recrear el ambiente en que se inspira la letra de la canción, pero en su marco encajarían perfectamente varias historias reales vividas por personas de El Paso.

Aún puedo revivir el sentimiento que me embargaba cuando observaba a esa joven que en vano seguía como “reservándose” para el muchacho que o bien había sido su novio o bien —y ella creía saberlo a ciencia cierta— estaba prendado de ella pero nunca él le dijo nada porque se sabía sin recursos económicos para ofrecerle el futuro que ella merecía, y por eso emigró a Venezuela a conseguirlos. Era dramático encontrarla esperanzada cada semana frente al Correo, para verla luego alejarse, muda, triste y cabizbaja, porque, al igual que la semana anterior, y la anterior y la anterior, no había recibido carta de él.

Cuando el tiempo hizo evidente que él no regresaría, esa joven, ya toda una mujer, se casó con otro y formó una familia, pero en su interior quedó viva aún, aunque debilitada, la llama de la nostalgia por el romance que la emigración truncó y que nunca pudo realizarse. Una llama cuyo calor he percibido en varios casos cuando he tenido oportunidad de hablar con estas mujeres y descubrir “entre líneas” las filtraciones de sus sentimientos.

A esas adolescentes o jóvenes de entonces que, con noviazgo o sin él, quedaron esperando al hombre de sus sueños, dediqué esta canción a la que puse por título “ELLA”, y que, en consideración a ellas, canto como si yo fuera ese hombre de sus sueños que siendo muchacho se vio obligado a dejar su pueblo, su gente y sus costumbres, para enfrentar en América una realidad que por clara y desconocida le parecía a veces brutal, y que en poco tiempo le cambió sueños y prioridades enrumbándolo por derroteros que no esperó nunca transitar.

Años después, ese muchacho, ya un hombre experimentado, recuerda nostálgico la relación que con ELLA tuvo antes de emigrar a Venezuela, y no sin tristeza y pesadumbre muestra su empatía para con la muchacha que quedó esperándolo.

Ficha técnica

— Título de la melodía instrumental: “Mama Leone”, en interpretación de Anthony Ventura.
— Grabada en mi casa (o sea, grabación casera), en Caracas, el 07-09-1985.
— Link/enlace para bajarla:
http://www.padronelpaso.net/artymundo/Ella.mp3

[*MisCan}– “Something stupid” (Algo estúpido)

Carlos M. Padrón

Ada Padrón, mi sobrina mayor, nació en El Paso porque su padre —Raúl Padrón, mi hermano mayor— la llevó desde Venezuela “en vientre” para que naciera en nuestro querido pueblo, del cual salió hacia Venezuela cuando apenas tenía meses de edad.

Cuando yo llegué a Venezuela, Ada tenía el aspecto con que aparece, en esta foto, de sandwich entre su hermana Elsita y yo.

Carlos M. Padrón, Ada Padrón, y Elsita Padrón. Los Caracas, 10/09/1961.

En esta otra foto, tomada en 2006, se la ve tras un micrófono, que es donde le gusta estar,… si es para cantar.

Y cantar es algo que hace muy bien porque tiene, además de pasión por la música, una estupenda voz y, sobre todo, un excepcional oído musical.

En 1983 —y haciendo lo que ya conté en la Introducción de esta sección— quise aprovechar estas cualidades de Ada para grabar, a dúo con ella, la canción “Something stupid” que hicieran famosa Frank Sinatra y su hija Nancy hace unos 25 años.

La grabación resultante puede bajarse/escucharse AQUÍ.

Su ficha técnica es:

• Título en español: “Tonterías” (No entiendo por qué si la traducción del original es “Algo estúpido”).
• Arreglo de esta versión instrumental: Paul Mauriat.
• Grabada el 29/10/1983 en mi casa, en Caracas, con la voz de Ada y la mía.