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[Col}– Tiziana y Dorothy se fueron a buscar el Futuro / Susana Tibaldi

29-09-14

Acomodó su valija verde para viajar lejos. Verde, como las plumas de los loros que amó, como las hojas de los pinos que nunca caen. El telegrama decía Suecia, y ella vivía en el último país del cono sur. Allí donde el planeta se cae como derritiéndose.

Eran unos años jóvenes aquéllos….. y contar ahora que había telegramas, comunicaciones por cables que corrían bajo el océano, y se estudiaba en libros de papel, los vuelven terroríficamente viejos, aburridos, pero el aburrimiento real es la parte más inútil e insoportable pero también la más cierta de la vida. Al menos de la de ella, que fijó siempre sus metas prioritarias en huir de su sino del aburrimiento.

Desde hablar con los loros en su infancia, a estudiar informática o deambular por los aeropuertos, todo lo hizo para escapar de ese vacío. Me atrevería a decir que era intensa, extraña, y, a veces, simplemente una persona común más de los habitantes de la Tierra. Nadie especial, según con quien me tomara la tarea de compararla.

Imaginándola salir a los 12 años de un pueblo polvoroso del otro lado del Valle de Punilla, sola, con un portafolio de cuero marrón con libros de Emile Zolá, rumbo a un convento de semiclausura donde estudiar secundaria, para insertarse en una sociedad, no frívola pero si cerradamente conservadora donde aún el no escrito mandato era casarse con un primogénito, ser fértil y decorar una casa con cortinas de boile suizo. Y al verla hoy caminando por una calle de Estocolmo, diría que al menos una pizca de Destino trajo en sus células.

Podría haber nacido en otoño, bajo el signo de Tauro, pragmática y previsible, si su padre nunca hubiera regresado de Bologna. Podría haber tenido la alegría de los ribereños, si su madre nunca hubiera salido de la Mesopotamia. Pero resultó silenciosa y distante al nacer en primavera, aprisionada entre las estribaciones de las sierras, mirando correr los arroyos al fondo de los riscos de Los Gigantes, oscuros y helados como sus pupilas, que de tan frías ardían a veces y quemaban.

La valija verde era de cuero, insoportablemente pesada, grande, sin ningún sentido práctico, y a lo largo de todo ese año fue como arrastrar el Uritorco hasta casi el Polo Norte.

El Uritorco es una montaña que se eleva a 40 Km de su pueblo, pero es una montaña tan imponente que determina el Valle entero. Está repleta de duendes, de luces extrañas de extraterrestres, y algunos aseguran que allí está el Quinto Portal hacia otra dimensión.

Precisamente eso eligió ella para transportar en su inmersión al mundo de los vikingos: una valija verde cargada de abrigos y libros, de peso superlativo para sus fuerzas, que aún hoy, 22 años más tarde, aparece en sus sueños como pesadilla. La valija verde con el Uritorco adentro fue un objeto que deseó con fervor no haber llevado nunca.

La veo frágil —con su inmunodeficiencia congénita comiéndole las fuerzas que sólo su carácter mantenía—, avanzar hacia el puerto para embarcarse a Finlandia.

Viajar es un arte milenario. Tal vez el primero que intentamos cuando bajamos desde los árboles y llegamos a las praderas. Entendiendo que todo lo superfluo había que perderlo, dejamos los largos rabos para poder pararnos y aliviarnos y correr. Luego construimos guaridas en cuevas, para rápido abandonarlas. El sino de nómadas, de migratorios, de especie sin raíces, nos sigue acompañando.

¿Por qué ella cargó con aquella valija verde tan absurda como un ancla? ¿Qué extraño fue el instante en el cual tomó esa decisión, tan alejada del sino de su especie?

El Servicio de Tllink Silja va de Estocolmo (Suecia) a Helsinki (Finlandia). Abordarlo y llegar al diminuto camarote por los estrechos pasillo fue una experiencia innecesaria de tan penosa, pero aún le faltaba subir hasta 100 Kms. antes del Círculo Polar Ártico para sumergirse en la Aurora Boreal.

De Helsinki a Tornio

Y allá fueron ella y su valija verde que, a medida que avanzaban juntas, la valija era más pesada que el Uritorco y el Aconcagua. Por momentos temía que alcanzara el peso de todos los Andes y, por fin, ella tomara la decisión de dejarla en una estación de trenes o de autobús. No, esto no estaba en la lista de lo posible.

Entre sus muchas características extrañas —las mismas que la llevaron a pararse frente a la Iglesia Ortodoxa del año 1686 en Tornio, a rezar una oración en español—, ella transporta un amor desordenado, casi inhumano, por sus cosas, a las que incorpora primero a su vida, y luego terminan siendo una prolongación de su cuerpo. Abandonar la valija verde era cortarse una pierna, o tal vez las dos. Allí, en Tornio, a no recuerdo cuántos grados de temperatura, conocí este rasgo de ella: seguirían zigzagueando ambas, o ambas quedarían allí, sobre la nieve, abrazadas, deslumbrados los ojos con los días y las noches unidos en una sola luz incandescente.

En cada ciudad repetía el mismo rito: agregaba una calcomanía nueva a su valija verde.

Las unía un amor-odio descontrolado, pero, como Julio César frente al Rubicón, sus suertes estaban echadas juntas para siempre. Se habían unido en un instante de absoluta insensatez, comunes en ella, y no había más salida que avanzar aín sabiendo que todos los caminos vuelven al mismo punto.

Por eso, cuando vi a “Dorothy”, gigante, blanca, brillante, de encantador y liviano plástico, con las calcomanías ya incorporadas, recordé la valija verde… y la frase con la cual Karl Marx completa el pensamiento de Hegel sobre la repetición inexorable de la Historia diciendo : “que primero se presenta como tragedia, y luego se repite como farsa” (comedia). Le hubiera gustado a ella que le tocara esta segunda parte, que ahora vivirá Tiziana.

Dorothy, a diferencia de la Valija Verde, que en paz descanse, tiene cuatro ruedas, el invento más valioso del siglo XXI para una especie nómada.

Cuatro ruedas que, desde hoy, deslizarán a Dorothy y a su amada nieta Tiziana, en un bellísimo baile por senderos cruzados descubriendo el mismo planeta. Todo en general es igual, pero en los detalles, nada se repite.

Por el prisma de sus lágrimas las vio caminar hacia “Pajas Blancas”, el Aeropuerto Córdoba. Ella encendió la radio, y la voz de Rony Vargas ofreció acompañarla para que doliera menos la realidad.

El futuro, como las cartas de la baraja que aguardan en el mazo, tiene la belleza posible de lo desconocido. Y en este septiembre, Tiziana y Dorothy se fueron a buscarlo.

Música: https://www.youtube.com/watch?v=Yn1i67UcgS8

Susana Tibaldi
Córdoba (Argentina)

[Col}– El juego a la Luna / Estela Hernández Rodríguez

19-11-13

“¿Nunca has jugado a la Luna?”, me preguntó una noche mi abuela Lola.

Luego me explicó que con la Luna también se puede jugar. Claro que no la podemos tocar, pero sólo mirándola podemos hacerlo.

Si desde donde nos encontramos observamos hacia arriba, a veces la vemos como un queso, a veces como si le faltara un pedazo, o también como un simple aro, pero en verdad ella retoza a su salida de esas formas, vistiéndose de distintos trajes para engalanar la noche, porque así es la Luna: misteriosa y radiante.

Cuando la miramos con curiosidad, a veces vemos dentro de ella una gran loma, algún cráter o figuras de caritas que nos dicen con alegría “¿Cómo estás?”. Y nosotros les contestamos “Bien, observando lo linda que luces con ese precioso vestido plateado”.

No por gusto muchos poetas han dibujado con palabras su belleza, y la traen a sus versos cuando quieren hablar de amor, porque ella es como es, sencilla pero romántica.

Hasta a veces en la oscuridad nocturna el perrito Bob la saluda con su aullido a las tantas de la noche, porque todos la conocen. Ella vive en el cielo; unas veces nos sonríe cuando la podemos ver, y otras llora cuando alguna nube la tapa y no puede saludarnos.

La Luna se encuentra siempre acompañada de su gran familia de estrellas, cometas, y aerolitos, y se la ve feliz, al igual que nosotros al tenerla alumbrando a ratos nuestros caminos, sobre todo en el campo.

Por eso nuestro amigo Bob, quien vive allí, la quiere mucho.

Estela Hernández
La Habana (Cuba)

[Col}– ¿Cuál es el status jurídico de un migrante en 2013?

18-11-13

Trabajo final 2013 del Taller de Educación Ambiental para Adolescentes de la Asociación Ambientalista Mayu Sumaj (pers. jurídica 231A/93), de Córdoba, Argentina.

Han estudiado, analizado y debatido y vuelto a pedir opiniones a economistas y sociólogos, y leído cientos de libros, publicaciones y opiniones muy respetadas, por lo que creo que está fundamentado y tiene hoy un valor plus después del tifón de Filipinas que va a dejar a miles de personas sin hogar ni alimentos ni documentación, a la deriva en medio de un entorno internacional que no tuvo la inteligencia de haber previsto esto y la necesidad de tener ya listo un cuerpo jurídico que dé amparo a esta penosa situación.

Este trabajo fue coordinado por Tiziana Fraresso, de 22 años, comentado en Youth & Sustentabillity, y terminado dos días antes del paso del tifón Hayan, Y hoy la realidad lo vuelve, tristemente, más actual a la pregunta de cuál es el status jurídico de los migrantes ambientales.

Susana Tibaldi

~~~

En la especie humana encontramos dos características esenciales: la predisposición a migrar y, a su vez, el instinto territorial.

De la explicación de la Ciencia sobre los primeros humanos parecería que, superada la larga etapa de adaptación, de la que nos informan los fósiles de  A.R.D.I y Lucy, en los milenios siguientes se advierten, definidos, dos impulsos contradictorios: la capacidad de movilización para la supervivencia en búsqueda de alimentos, y la necesidad de fijar hábitat marcados, delimitados y defendidos como propios para desarrollarse.

En la amplitud del planeta en los comienzos de la especie había lugar suficiente para todos, y los asentamientos se fueron dando por similitudes, formando núcleos sociales primarios hasta llegar a ciudades y países.

Ello permitió descubrir que la construcción de una comunidad organizada exige, para mantener la paz, tejer una red de normas precisas que delimiten derechos y obligaciones de cada individuo, de cada grupo y de cada país, dando nacimiento al Derecho como método de regulación de conductas civiles, penales, internacionales, etc.

En apretada síntesis, para los jóvenes que prefieren el ahorro de palabras y así explicar una idea con más fuerza y menos desgaste, llegamos al siglo XXI. 

Pasamos por importantes Conferencias y Tratados mientras la situación climática del planeta se fue deteriorando por el crecimiento no planificado. Los bienes de la Naturaleza se entendieron implícitamente como “infinitos” por los descendientes de aquéllos que, para sobrevivir, implementaron las migraciones en busca de zonas donde encontrar alimentos y trazar las primeras fronteras, comportamiento surgido de su instinto de animal territorial.

Y en este punto, noviembre de 2013, el ejemplar humano que salió de África, migratorio y territorial, por donde fue pasando y marcando propiedades dejó devastación, y sobreexplotación de los ecosistemas, para terminar produciendo, por sus irresponsables excesos, un inminente cambio climático inmanejable incluso para los científicos que emiten voces de extrema alarma.

El problema se intensifica y, luego de 19 Conferencias de las Partes (COP), los asistentes asiduos a las mismas, desde el sector gubernamental y de las organizaciones de la sociedad civil, pareciera que no encuentran el “hilo de Ariadna” que permita desandar el laberinto de errores, trayendo una solución definitiva al cambio climático antropogénico.

Sus causas están encuadradas, “son 95% humanas” dejaron precisado los integrantes del IPCC1. Sus efectos, que parecían lejanos, ya los sentimos y, en algunos casos, en forma muy violenta. Lo que sigue sin resolver es la metodología para mitigarlos o aceptar lo irremediable buscando una forma óptima de adaptarnos.

https://i0.wp.com/adoptanegotiator.org/wp-content/uploads/2013/11/flood-india.jpg

Migrantes que caminan hacia un mundo donde no tienen encuadramiento jurídico que los proteja

Mientras descubrimos nuevos paradigmas que permitan salir de este “punto de fibrilación” —donde el corazón mismo del planeta está emitiendo pedidos de auxilio, avisando que no resistirá una subida más allá de los 2 grados—, un grupo de jóvenes del extremo sur proponemos buscar algunas respuestas a los temas más acuciantes para esta etapa que finaliza, en la experiencia de la lejana primera etapa de adaptación que vivieron nuestros ancestros cuando se lanzaron a migrar sobre una tierra desconocida y tendieron líneas divisorias sobre terreno virgen, fijando en cada mojón los cimientos del derecho de cada uno y de todos.

Hoy, lo que parece igual en realidad es diferente, y eso abre una gran incertidumbre sobre 

  • a) El el comportamiento y la magnitud del cambio climático, y la intensidad de sus consecuencias últimas.
  • b) Cuáles serán las reacciones que tendrán las poblaciones agredidas por fenómenos extremos en diferentes zonas geográficas si los efectos del cambio climático se aceleran y agudizan.
  • c) El hecho de que ya no somos 15.000 o 20.000 ejemplares para elegir un rectángulo propio en las anchas praderas, sino 7.000 millones en constante aumento, aferrados a una jungla de cemento, polución y consumismo.

La Historia nos enseña que los humanos han mostramos cuáles son los mecanismos defensivos que usamos ante momentos definitoriamente hostiles en los que debemos optar,

  • Primero, por abandonar el lugar en busca de otro más amigable
  • Segundo, por luchar por conseguir un nuevo espacio para seguir reproduciéndonos, y marcarlo como propio; y
  • Tercero, por no dejar las conductas humanas libradas a dirimirse por guerras y por la fuerza de nuestra innata predisposición a la violencia, sino adoptar con urgencia precisas normas jurídicas, pues el Derecho es el único regulador lógico que acota los impulsos instintivos y al que todos voluntariamente deben someterse.

Las  sociedades han aprendido de la experiencia negativa de los conflictos —grandes guerras que han dejado inútiles saldos de dolor—, que del diálogo y de la autorregulación se obtienen ventajas. (“Sólo hay una guerra que podemos permitirnos: la guerra contra nuestra propia extinción”. Isaac Asimov).

En 1951, al terminar la Segunda Guerra Mundial, se firmó la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, que en el Artículo 1, enmendado por el Protocolo de 1967, provee la definición de refugiado:

«Una persona que, debido a un miedo fundado de ser perseguida por razones de raza, religión, nacionalidad, membresía de un grupo social o de opinión política en particular,  se  encuentra  fuera de su país de nacimiento y es incapaz, debido a tal miedo, de estar dispuesta a volver a éste; o que, debido a tal miedo, no está dispuesta a servirse de la protección de aquel país; o de quien, por no tener nacionalidad y estar fuera del país de su antigua residencia habitual como resultado de tales eventos, es incapaz, debido a tal miedo, de estar dispuesto a volver a éste...».

Esta Convención sigue resultando valiosa para quienes están clasificados expresamente en el art.1 pero deja un cierto vacío legal para situaciones no previstas expresamente.

El cambio climático y sus efectos hacen más complejo el destino de quienes no sólo deben abandonar sus asentamientos sino de cómo hacerlo en un mundo que exige papeles, documentos, visas, permisos, etc., mientras la degradación ambiental presiona directamente en los índices de migración humana. 

La cifra más referenciada es la de Norman Myers, de la Universidad de Oxford, que prevé que «para 2050, habrá unos 200 millones de personas desplazadas debido a factores ambientales». Puede ser exagerada pero preferimos esto a la minimización del tema.

«El desarrollo de predicciones más sólidas requerirá procesar muchos números, tarea que recién está en sus inicios» (Oli Brows El Baile de las Cifras).

No encontramos ningún término aceptado internacionalmente para denominar a las personas que migran por motivos ambientales. «El debate sobre las fronteras conceptuales del “migrante ambiental” ha destapado múltiples intereses y opiniones en cuanto a: ¿sobre la base de qué elementos distinguirlo? ¿sobre quién recae la “responsabilidad de protección”? ¿cuál es su real status jurídico? Esas personas no entran dentro de una categoría determinada prevista hoy en el marco jurídico existente».

La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) declara que los términos como “refugiado medioambiental” o “refugiado climático” no tienen aún fundamento jurídico en el Derecho Internacional de los refugiados, y defienden, incluyendo a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), un consenso general para que se evite su uso. El argumento es que son términos engañosos que podrían socavar el Sistema Jurídico Internacional para la protección del resto de los refugiados ya clasificados en la Convención.

Ponerse de acuerdo en el lenguaje siempre ha sido preocupación de algunos, pero lo que más preocupa a una mayoría de jóvenes es que no se incluya en la Agenda de las COPs el hacer un pedido formal de estudio urgente del tema para ser tratado por la OIM, demostrando responsabilidad para enfrentar un problema que, con ignorarlo o posponerlo, no va a resolverse por sí solo.

A nivel de las autoridades Internacionales, el cambio climático se circunscribe a discutir sus causas antropogénicas y buscar formas de mitigar la emisión de gases de efecto invernadero, evaluando cuál es la temperatura máxima que puede resistir el planeta, y sus posibles efectos. 

Luego, como ya ese estadio ha sido superado por la realidad, ahora se ha pasado a debatir la metodología de adaptación, y los responsables de su financiamiento. Éste es el punto donde se centran las preocupaciones, y donde se encuentra desde años fijada la agenda, buscando una “Equidad Histórica” que, traducida a lenguaje de las mayorías, implica fijar cuánto dinero aportará cada país para solventar los efectos irremediables.

Mientras, todos se señalan mutuamente, denominándose históricos antiguos e históricos futuros. Unos, porque contaminaron en la primera mitad o en la segunda mitad del siglo XX, y otros porque no entendieron los avisos de la experiencia y siguen contaminando aún en el siglo XXI, bajo el pretexto de que, como no contaminaron antes, tienen una cuota de contaminación aún no usada.

Para regular la Torre de Babel de los Desencuentros, que se levanta en cada COP, la legislación es el Protocolo de Kioto prorrogado, sin contemplar políticas integrales inclusivas ni visualizar que los tiempos no dan para dividir responsables en pasados y futuros.

«De acuerdo con el reporte de la OIM, existen tres acciones en las que hoy se debería estar trabajando sin pausa:

  1. definición jurídica del desplazamiento forzoso por cambio climático;
  2. incorporación de la migración forzosa dentro de planes de adaptación muy especiales; y
  3. cooperación internacional norte-sur en la materia».

Este consejo de expertos en meteorología aún no ha empezado a tenerse en cuenta, y nos permite recordar una fábula de Tomás de Iriarte, “Los dos conejos”2. Quizá a los humanos nos suceda algo semejante ya que se han dedicado 19 COPs en identificar al Cambio Climático y a sus culpables, y deberán dedicarse otras a los países continuadores de su profundización, mientras la realidad indica que, por un camino paralelo, el Cambio Climático avanza sin que se tomen acciones conjuntas entre todos.

Hasta el momento, el proyecto más reconocido de la comunidad internacional es el de la Unión Europea sobre Cambio Medioambiental y Migración Forzada (EACH-FOR, por sus siglas en inglés). Un intento de definir las adversidades que afectan a los migrantes, y un razonamiento lógico para buscarle solución, al que nos adherimos con nuestro humilde llamado a otras OSCs a acompañarlo.

Esperamos que nuestra voz no la arrastre el viento del Sahel, junto a las miles de personas cuyo terrible sino es que cualquier día serán migrantes.

Por favor unámonos porque no es un pedido más entre muchos, es un ruego urgente, y COP19 es el mejor escenario para pedir se defina el status jurídico de los desplazados involuntarios por el Cambio Climático. Habrá quienes sigan negando que éste es un problema acuciante, porque les parece que sucede demasiado lejos, y que hay poca evidencia de que sea necesario dedicarle esfuerzos3.

Antes de terminar queremos rendir un homenaje a todos los que estudiaron y aportaron generosamente para fundamentar esto que hoy es evidente y que nos permitimos repetir, y, en especial, a la admirada Dra. Elinor Ostrom.

Ella, en su extrema lucidez, planteó un Nuevo Paradigma. Mientras «casi todos los economistas reconocen sólo dos regímenes de propiedad: la privada y la estatal —y, por tanto, el Capitalismo como el Marxismo, en sus distintas aplicaciones prácticas—, y no les  interesa el tertium quid». O sea, estudiar la posibilidad de un intento de propiedades colectivas autogestionadas que escapen tanto a la garra del gran Capitalismo individualista extremo gobernado por la “mano invisible”, como a la del gigantesco Estado autoritario comunista.

El estudio de las migraciones forzosas del siglo XXI, impulsadas por fenómenos extremos climáticos, implica no considerar estas migraciones como tomada teniendo posibilidad de evaluar riesgos. El Cambio Climático lleva implícita la obligación a lanzarse a una migración no electiva, repentina, desordenada. 

Ello conlleva a que no debería ser encuadrada como una estrategia adaptativa. “Lo forzoso no es voluntario” e implica el desafío de la Comunidad Internacional de buscar un nuevo instrumento jurídico multilateral que delimite derechos y obligaciones de los involucrados.

Taller de Educación Ambiental no Formal para Adolescentes
de la Asociación Ambientalista Mayu Sumaj
.

Córdoba, Argentina (pers. jurid. 231A/93)
Coordinadora: Tiziana Fraresso, de 22 años.

 

(1) Informe 2013 IPCC

(2) http://www.cuentosyfabulas.com.ar/2009/12/fabula-tomas-de-iriarte-los-dos-conejos.html

(3) http://www.fmreview.org/es/pdf/RMF31/RMF31.pdf

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8 de mayo 2012 Conferencia en la UNAM .

[Col}– Eutanasia perversa / Dr. Juan Antonio Pino Capote

19-09-13

Ajuste de pensiones

Como tantas otras muchas cosas, en este mundo desquiciado la eutanasia también se ha pervertido.

La deseada “buena muerte” se ha convertido en un objeto de deseo para los gobiernos y su oportunismo de parcheo inmediato de los males que nos afligen. Una inmediatez que no va más allá del tiempo que dura una legislatura.

Puede que los sucesores hagan un cambio radical hacia el extremo opuesto, pero el mundo no puede progresar con cambios de rumbo bruscos, desorientados y especulativos.

Tras la máscara de la deseable “buena muerte” se esconden intereses espurios y perversos. Tras el respetabilísimo derecho a morir en paz se esconde la intención de acabar con la vida inútil y liquidar el derecho a vivir en paz.

El hombre se encuentra reducido a una máquina de producción y consumo, y sólo revive como persona cuando tiene que firmar el cheque en blanco de la votación. Y cuando no es productivo no le queda más que esta última alternativa, al tiempo que contempla cómo, de las concepciones socioeconómicas en vigor, van desapareciendo los valores éticos y humanísticos.

El 11 de abril de 2012, en Nueva York, Sandro Pozzi publicó el siguiente titular: «El FMI pide bajar pensiones por “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”». La recomendación nos viene de afuera, lo cual es más penoso porque el problema tiende a la globalización, y es más evidente y acuciante en los países que padecen la actual crisis económica.

Por otra parte, el pasado 17 de septiembre, el periódico ABC publicó el artículo «Estilo de vida saludable mejora nuestro ADN», en el que se dice que “Llevar un estilo de vida más saludable puede modificar nuestra genética. Por vez primera, un trabajo que se publica en The Lancet Oncology demuestra que los cambios positivos que hacemos en nuestro estilo de vida —comer sano, hacer ejercicio, no fumar, etc.— tienen una repercusión en la longitud de nuestros telómeros, pequeños complejos de ADN localizados en el extremo de los cromosomas que afectan directamente al envejecimiento celular”.

Si se recortan las pensiones se acortaran también nuestros telómeros y viviremos menos, como una forma sutil de eutanasia anticipada. Salvo dejar de fumar y hacer ejercicio, con el empobrecimiento, nuestra vida no será más saludable ya que la alimentación, los cuidados sanitarios y la calidad de vida dependen mucho de los factores económicos.

Con estos postulados existe también la posibilidad de que algunos prefieran no vivir después de su etapa de servicio útil a la comunidad a causa de sus estrecheces. También cabria la tentación de asignar las pensiones en proporción a la longitud de los telómeros de cada uno.

Si en el pasado el alargamiento de la esperanza de vida era considerada como un logro de la sociedad del bienestar, ahora es todo lo contrario por el gran aumento de seres improductivos a los que hay que asfixiar para que la rueda infernal de producción y consumo siga funcionando y acabe con el clima y con las reservas del planeta Tierra.

Soy la voz de uno que clama en el desierto. ¿Hay alguien ahí?

En la actualidad existen sobre la Tierra suficientes conocimientos, tecnología, medios y capacidad para encauzar el rumbo de la Humanidad y del planeta en el sentido de la paz y el bienestar de los hombres, de todos los hombres, y no sólo de los pocos que nos dirigen y de los grandes capitalistas. Falta lo que tendría que sobrar: voluntad de los que tendrían en sus manos la posibilidad de proyectarlo y hacerlo.

Hace algún tiempo que el ensoñador Zapatero esbozó la famosa “alianza de civilizaciones”. No era el momento ni la forma de hacerlo; debió ir más allá. Debió pedir una alianza de todo el acervo cultural de las civilizaciones, la Ciencia, la tecnología, la filosofía y todas las capacidades del hombre con el PODER en las más altas instancias de las organizaciones mundiales para imponer la sensatez y la evidencia en las decisiones fundamentales de nuestra existencia.

Tú o usted, amable lector, sí que estás ahí. Otros que deberían estar no lo están, y desde su engreimiento dirán que esto son “majaderías”. Pero lo cierto es que necesitamos grandes cambios que no vendrán de otro planeta ni de un nuevo Mesías.

Sé que hay millones de seres que estarán de acuerdo en que el cambio es fundamental; que nuestros sistemas de organización, desmadrados y anárquicos, están periclitados; que el axioma de “vox populi vox Dei” (La voz del pueblo es la voz de Dios), por muy bonito que resulte sólo significa que, si nos equivocamos, lo hacemos entre todos, lo cual da un poder desmedido a nuestros representantes.

Sólo nos queda la esperanza de que la voz del pueblo se convierta en el gran clamor, y la oración, con su poder, transforme las cosas para el bien de todos y del planeta que habitamos.

Dr. Juan Antonio Pino Capote
jpincap@gmail.com

[Col}– La política y la moda. ¡Quién te ha visto y quien te ve! / Susana Tibaldi

01-08-13

Susana Tibaldi

¿Quién entiende a algunos humanos? Imponen como “salvador” un cierto régimen, atormentan con él a generaciones enteras sometiéndolas a los dictámenes de un loco perverso, y luego terminan aceptando que la esencia del ser humano es ser LIBRE,,,, y vuelven al sistema que descartaron y del que, sin duda, nunca debieron irse.

Ante hechos como los que ilustra el artículo que sigue, ¿qué dirán ahora quienes esos sistemas “salvadores”? 

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1950. Todas las mujeres chinas vestidas de camisa y pantalón Mao. El afiche es el símbolo del comunismo maoísta que igualó a los seres humanos a la fuerza. Vestirse igual era lo menos, pero debían pensar igual y, si no, pasaban a los Campos de Reeducación.

18 de Julio de 2013

China coloca a su primera dama en la lista de las mejores vestidas del mundo

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La esposa del presidente chino, nuevo aliado de EEUU, elegida una de las mejores vestidas del mundo, según Vanity Fair

01-08-2013

La esposa del presidente chino Xi Jinping, la soprano Peng Liyuan, ha sido incluida en la lista de las mujeres mejor vestidas del mundo que elabora anualmente la revista “Vanity Fair”, un honor que China no tenía desde que en 1943 figurara en ella la mujer del general Chiang Kai-shek.

Peng, cuyo estilismo ha logrado en muchas ocasiones atraer la atención de los medios en los viajes oficiales de su marido, comparte espacio en la lista de este año con Victoria Beckham, Dita von Teese o Catalina de Cambridge, entre otras.

La lista es elaborada desde 1940 (“Vanity Fair” la elabora desde 2004) y en una de sus primeras ediciones escogió a Soong May-ling, esposa del entonces máximo líder de la República de China, Chiang Kai-shek, con quien compartiría años más tarde exilio en Taiwán.

Fuente

[Col}– Dobri Dobrev. No hay que fiarse de las apariencias / Susana Tibaldi

Junio 23, 2013 

Susana Tibaldi

El artículo que sigue hace pensar si el nivel de riqueza de un ser humano se mide por lo que da y no por lo que tiene.

En realidad, la pregunta es si, analizándonos con serenidad, actuamos así nosotros o, sin darnos cuenta, medimos a las personas por parámetros sociales.

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La Historia de Dobri Dobrev: el mendigo que dio 40.000 euros a la caridad

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Se dice que nunca hay que guiarse por las apariencias, y la historia de este hombre es una muestra clara de ello. Su nombre es Dobri Dobrev, es búlgaro, tiene 98 años de edad, y a la vista de todos es un simple mendigo.
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Sin embargo, este hombre, que luchó en la Segunda Guerra Mundial y que perdió la audición debido a ello, todos los días camina 25 kilómetros desde su aldea hasta la capital del país, Sofía, para pedir dinero.

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Lo curioso del asunto es que este hombre ha donado todo el dinero recolectado en sus caminatas, tanto que ha llegado a donar un total de 40.000 euros, sobre todo para la restauración de monasterios búlgaros y para pagar los servicios de agua y luz de algunos orfanatos.

Sin embargo, si muchos piensan que Dobrev es un millonario vestido de mendigo, se equivocan, pues vive en una humilde vivienda, y sobrevive con la pensión mensual de 80 euros que le da el gobierno.

[Col}– ‘Carta para Tiziana’ / Susana Tibaldi

28-06-13

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Susana Tibaldi, autora del artículo “Las crisálidas que se volvieron mariposas“, me ha hecho llegar ahora “Carta para Tiziana“, carta ésta, dirigida a su nieta, que Susana envió para participar en el concurso “Carta de Amor” promovido por la emisora LV3, la radio líder del Interior de Argentina, y que fue elegida y leída al aire.

Al envío de la carta a la emisora, Susana añadió esta nota:

«Querido Roni, usted pide que le enviemos una Carta de Amor, y desde 2011 estoy por animarme a enviarle una.

Puedo dar fe de que, por muchos y bellos amores que me ha sido dado sentir, el que hoy alcanza la profundidad del amor perfecto es el que siento hacia mis nietos, esos diminutos duendes que llevarán mis genes al futuro y me harán conocer el final del siglo XXI.

A diferencia de los otros amores de la juventud, los desmesurados, los que desordenan el corazón y la piel —hogueras insoportables donde sólo se arde una o varias veces a lo largo de la vida, y por poco tiempo—,  este amor tiene lo esencial; es algo que fluye, sin imaginar reciprocidad.

Susana t».

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Texto de la carta

Carta para Tiziana
(En jardín de infantes)

Por Susana Tibaldi

Intentaré contarte algo de mi propia infancia para que, cuando puedas leer, entiendas por qué no dudo en suspender mis reuniones, acortar mis viajes, disminuir las horas con mis libros, o decidir un viraje en mi rumbo al regresar de mi trabajo, para partir juntas a la calesita, a visitar los lobitos del zoo, o a mirar con los prismáticos cómo construyen su panal las “bandidinas”, antes de preparar juntas los ñoquis para la cena del conejo rosado, y despedir la tarde hamacándonos, mientras cantamos:

La Luna cayó al pinar
y en él se quedó enredada.
¡Ay, qué será de la Luna
cuando llegue la mañana!

Yo, a los cinco años, vivía en una casa antigua con jardín, donde florecían azucenas, y en los largos veranos maduraban las uvas al borde de las acequias.

Cada vez que la recuerdo siento la misma sensación de ternura por ella, la única casa del pueblo pintada de rojo, con sus cuatro pinos de más de veinte metros de altura, que si hubieran parecido gigantes a cualquier adulto, ¡imagina lo que eran para mí! Entre sus hojas oscuras vivían cientos de loros en sus nidos colgantes, espinosos e inalcanzables en las ramas más altas.

No tuve hermanos de mi edad, y mis únicos amigos fueron los verdes, chillones y alborotadores loros, con quienes hablaba, reía o lloraba mis penas. Las siestas resultaban lo mejor de aquellos veranos. Los adultos dormían, siempre dormían, y entonces era el momento de libertad total y yo podía correr por la quinta de frutales, conversando en voz alta con los únicos que me entendían y me respondían: los loros.

Igual que a vos, a mí también me gustaban los mapas, y pedía a mi padre que me explicara sobre países lejanos, China, Siam, Egipto, fascinándome la diversidad de personas que compartían conmigo ese extraño globo donde yo estaba colgada de los pies, y que giraba en un universo lleno de luces.

En las siestas solitarias les contaba a mis loros cuentos de viajes por la selva, les hablaba de leones y tigres de Bengala, del desierto y las arenas movedizas que tragaban camellos. Incluso sacaba mis preciosos libros e intentaba mostrarles las fotos, mientras ellos pasaban volando y chillando.

“Cuando sea grande conseguiré una escalera muy alta, y subiré hasta sus nidos para conocer sus pichoncitos”, les prometía y dejaba los choclos mas dorados y sabrosos sobre las ramas bajas de los pinos esperando que los loros los comieran antes que las hormigas.

El olor caliente de aquellas horas de los larguísimos veranos de Cruz del Eje lo siento tan presente en mi piel que aún hoy, habitando una ciudad de cemento, de humo, de ruidos indescifrables, sigo rodeada de naranjos, limoneros, ciruelos, con sus cortezas aromáticas en los resplandores dorados por los que corren las iguanas llevándose los huevos de las gallinas.

Aspiro y entra fresco aún, transparente, el aire filtrado por las hojas tiernas de los parrales llenándome los pulmones cansados y —como entonces, cuando el sol ardía el suelo polvoriento y subían desde el horizonte copos de nubes blancas formando manadas de elefantes y ejércitos de extraños seres—, sigo escuchando las voces de mis loros, llamándome.

Su compañía se ha extendido a lo largo de mi vida, y cada vez que la mano de la soledad me apretó, cerrándome el camino, oscureciendo mis mañanas, volví a buscarlos.

Verdes, tornasolados, alocados, ruidosos, inasibles en lo más alto de mis altísimos pinos, firmes, fieles, sinceros, siempre con tiempo suficiente para dedicarme y escucharme y responderme, allí están mis loros todavía volando dentro de mi corazón.

No quiero olvidarme de la Hermana Balbina, mi profesora de piano, porque fue otro ser vivo, paciente, de una dulzura poco frecuente en los maestros de aquella época. Con fe inquebrantable me enseñó a rezar antes de que yo pudiera aprender las primeras letras, y acomodaba mis manos sobre el teclado para que sonara “el martillito”.

No pude pasar de las escalas, pero de ella aprendí que el Piamonte es un lugar bello con nieve, y cuando las alumnas terminaban sus lecciones, se sentaba al piano y cantaba para mi canciones en su dialecto dulcísimo; canciones de castillos y princesas de su patria lejana. Me enseñó que sólo la caridad puede salvarnos, y que en África existían niños sin juguetes, sin dulces, sin pianos.

Así fue cómo cada día yo le entregaba las monedas que me daban para mis golosinas, y ella me decía que las enviaba para comprarles comida y remedios a los niños negros.

Una mañana me recibió sonriente, sosteniendo un ejemplar de la revista “El negrito”, de la Fundación San Pedro Claver; la abrió y leyó mi nombre: Yo había sido elegida madrina de un niño africano. Volví corriendo a contárselo a mis loros: ¡Teníamos un ahijado! Fue el acontecimiento más importante de mi corta existencia.

Pedí que lo bautizaran con el nombre de Ricardo, y le imaginé un rostro, una sonrisa, y frecuentemente pienso que quizás todavía mi ahijado africano desconocido esté recorriendo las sabanas, entre sequías, incendios e inundaciones, compartiendo las aguadas con las corzuelas, los búfalos, las cebras.

Agradeciendo a los loros, a la querida Hermana Balbina, y a Ricardo, a mi amiguita Ely y a mi gato Guillermo, lo que cada uno de ellos me regaló de su tiempo, y las experiencias imborrables que me dejaron, a mi infancia le faltó algo fundamental: una gran familia llena de hermanos; un tío bohemio que me regalara chocolatines mientras me llevaba a pasear a “Mogrovejo” —ese paraíso que se extendía por detrás del río, tierra de fantasía con su monte cerrado que escondía el canto del “crispín” en sus serenos “mistoles” donde guardaban su miel rosada las avispas negras—; y una tía, tal vez, que colgara guirnaldas de Navidad en las puertas; o alegres primos que saltaran sobre el colchón de moras que eran las delicias de las palomitas.

Sí, le faltó mucho, pero lo único que no puedo perdonarle al destino es que no me diera una abuela. ¡ Una! Alguien que ya hubiera pasado casi todo en la vida, e iniciado el camino de regreso.

Una abuela que, ya superadas las urgencias de crecer, educar, ordenar, enamorarse, construir, cocinar, conseguir dinero para subsistir o estudiar, tuviera ya libres todas sus horas para escuchar, comprender, reír, soñar, entender el idioma de los pájaros, hablar con las abejas, recorrer los piquillines buscando un “camoatí” y, sin mirar relojes, con todo el tiempo que tienen aquellos seres que aprendieron que cada paso hacia la meta es tan sólo una meta en sí mismo, me amara como nadie me amaría nunca, sin esperar nada, como yo te amo hoy, Tiziana.

Tu abuela Mumi.

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